31 may 2010

En el Sendero


Tarde apacible con cielo despejado. El fuego arde en la salamandra de la cabaña, haciendo más intenso el silencio del lugar. Dan y Juan, sentados a su mesa favorita cerca de una ventana, beben su té Oloong mientras miran el paisaje y escuchan el silencio. Luis, sentado en una silla, lee tranquilo. Ni Dan ni Juan le preguntaron qué lee. La puerta de abre, silenciosa. Tommy camina hasta la mesa de sus amigos, con andar sereno. Tres miradas sonrientes, que son una sola sonrisa en el corazón, tan cálido como el fuego de la salamandra. Tommy y Luis se miran a los ojos, ambos asienten en silencio. Una taza más en la mesa, más agua en la tetera. El sonido del té se funde con el sonido del fuego. Finalmente se escucha la voz de Dan.

— Nuestro buen amigo taoísta… hace como dos semanas que no te veíamos… ¿recluído?

— Oh… el clima invitaba a quedarse en casa. Buena lectura, buena práctica… reconfortante ¿no?

— Seguro ¿Qué mejor modo de mantenerse despierto? Quiero decir, de mantener la mente atenta, alerta, consciente de cada momento de la vida.

— Exacto. Para recorrer por la vida hace falta un camino, un sendero. Y para recorrerlo, la guía de quien ya lo hizo antes. Conoce cada detalle, cada obstáculo y cómo solucionarlo. Yo elegí este camino, el taoísmo, pero no es el único. Lo importante es que el camino sea auténtico, que realmente lleve al destino que se busca. Y que el que guía, el maestro, realmente lo sea. No es suficiente con que tenga un montón de conocimientos. Muchos de nosotros los tenemos, pero un maestro tiene que reunir cualidades muy precisas, y un linaje auténtico. Hay mucha gente que no entiende la importancia de esto. A nadie se le ocurriría, en un vuelo internacional, subirse a un jet con un piloto que dice ser un piloto, pero no reúne todas las cualidades que tiene que tener ¿verdad?

— Cierto. Y seguir cualquier camino, yoga, taoísmo, buddhismo, sufismo, druida… lo que sea, no es menos delicado.

— Absolutamente. Si la transmisión no es correcta, el camino no es real. No sólo no lleva al destino buscado, puede llevar a uno desastroso. Si no hay comprensión correcta ¿qué se puede esperar? Por ejemplo, cuando empecé a entrenar con mis maestros, yo ya conocía de memoria una gran parte de muchos textos. Tao Te Ching, I Ching, Chuang-tzu, Lieh-tzu, el Sutra de la Serenidad Constante, Yin Fu Ching… pero me faltaba la transmisión. Cuando mis maestros explicaban todo cambió. Fue como si los hubiera leído por primera vez. Por supuesto conocer todo eso, tenerlo en la mente es una ayuda muy valiosa para comprender lo que explica un maestro. Pero sin la trasmisión… ¡es como querer aprender a tocar el piano leyendo un manual, y más difícl que tocar un trombón de varas en una cabina telefónica!

— Muy graciosa tu analogía. Vale para cualquier camino de cualquier tradición espiritual.

— La práctica es importante, hay que constatar permanentemente. Una vez me dieron esta lista, fíjense cómo les cae a ustedes.

  • Si puedes empezar el día sin cafeína ni píldoras estimulantes,

  • Si puedes estar alegre, ignorando dolores y fatigas,

  • Si puedes resistir de quejarte y aburrir a la gente con tus problemas,

  • Si puedes comer la misma comida todos los días y estar agradecido por eso,

  • Si puedes comprender cuando los seres queridos están demasiado ocupados para darte su tiempo,

  • Si puedes pasar por alto cuando la gente te carga cosas cuando, no por una falta tuya algo sale mal,

  • Si puedes tomar la crítica y la culpa sin resentimiento,

  • Si puedes conquistar la tensión sin ayuda médica,

  • Si puedes dormir sin la ayuda de drogas,

  • Si puedes hacer todas estas cosas…

  • Entonces probablemente… seas el perro de la familia.

Dan y Juan miraron a Tommy. Tommy los miró sonriente.

— ¡Arf!

30 may 2010

Los Buenos Viejos Tiempos


Nunca dejaremos de explorar
Y el final de toda nuestra exploración
Será arribar a donde comenzamos
Y conocer el lugar por primera vez
T.S. Elliot

Albert Einstein dijo: “Pon tus manos sobre una cocina caliente durante un minuto y parece una hora. Siéntate al lado de una chica linda durante una hora y parece un minuto. ESO es la relatividad”. Es una forma humorística de poner lo que Buddha Shakyamuni dijo acerca de la felicidad: “La felicidad no viene de lo que sucede, viene de lo que pensamos”. Generalmente pensamos sin ser conscientes de lo que pensamos. Pasamos delante de lugares pero no somos conscientes de lo que vemos. De la misma forma, las cosas-eventos suceden alrededor nuestro sin que seamos conscientes de eso. Estamos más involucrados con lo que queremos que suceda, y si sucede o no. Así, no nos damos cuenta de lo que pasa. Independientemente de nosotros, esas cosas-eventos se almacenan en alguna caja en nuestra memoria, y quedan allí, hasta que algo las trae de vuelta. Entonces las apreciamos desde otro punto de vista… y las recordamos como los viejos buenos tiempos. Lo interesante de los viejos buenos tiempos es que, no habíamos notado que esos días que recordamos ahora, eran tan buenos. Jack Kerouak advirtió esto cuando dijo que lo mejor de viajar es cuando se recuerdan los viajes. Mientras se viaja no se los disfruta tanto.

Cuando se acerca el invierno me empiezo a ocupar más de almacenar comida en casa. En el Noroeste del Pacífico, el invierno es invierno. A veces dan ganas de salir durante una tormenta de nieve. A veces uno prefiere quedarse en casa, disfrutar de la tormenta mirándola por la ventana, y dejar que los copos que caen den el ritmo de la contemplación.

Una vez, llegué a Oregon a fines del otoño, a una ciudad en la que no había estado antes. Mi hija y el entonces su novio se habían mudado allí. Una vez que instalado, empecé a explorar el lugar. Como todos éramos chicos nuevos en el vecindario, intercambiábamos los descubrimientos. Íbamos juntos a lugares, hacíamos compras juntos. Por supuesto, parte de las compras era… comida. Comida. Un maestro Zen chino dijo: “No hay como vestir ropas y comer comida. Aparte de eso no hay ni Buddhas ni Patriarcas”. No se si los Buddhas y Patriarcas estarán de acuerdo. Ni siquiera se si yo mismo lo estoy. Pero el invierno con comida es un invento maravilloso de la naturaleza, si va junto con una casa abrigadita, sin goteras y una ventana con buena vista.

Yo había descubierto un mercado de comida natural que no conocían ni mi hija ni el novio. Un lugar no solamente hermoso para ver. Buena comida orgánica, comida natural, buenos precios y gente con onda. Además de eso, a cinco o seis cuadras de casa ¿qué más se puede pedir? Fuimos a todos juntos a comprar algunas cosas que necesitábamos, incluyendo peperoni vegetariano. Ya estábamos en la cola para pagar y, cerca de la caja había un muestrario de tarjetas. Les di una mirada. Había algunas acerca de la guerra, de la paz, acerca del petróleo… de pronto vi una con cinco o seis palabras que encendieron una luz en lo hondo de mi corazón. La tarjeta decía “Estos son los Viejos Buenos Tiempos”. La levanté y dije: “Eh Tad… mirá esto”. Tad se dio vuelta, la vio y me miró con la sonrisa del que entiende. Puse la tarjeta en su lugar, y la frase en mi corazón.

Estos son los viejos buenos tiempos. Es uno de los grandes secretos de la vida. Tenemos tendencia a tomar la vida demasiado seriamente, y entonces no podemos apreciar sus sutilezas. Pero si nos detenemos por una fracción de segundo y la miramos desde ese instante inmóvil, en cierta forma damos un paso fuera del tiempo y el espacio. Como si estuviéramos mirando desde el futuro, y viendo todo en forma fresca, como si lo hiciéramos por primera vez.

La diferencia entre que estos sean o no los buenos viejos tiempos, depende, en gran parte, de nuestra capacidad interna de darnos cuenta. Eso es lo que nos permite vivir el momento presente de modo tal que se convierte en los buenos viejos tiempos. Siempre se lo va a recordar así. En las palabras de Buddha Shakyamuni: “La felicidad no viene de lo que sucede viene de lo que pensamos”. O si se lo quiere decir de manera más humorística, podemos recordar a Einstein: “Pon tus manos sobre una cocina caliente durante un minuto y parece una hora. Siéntate al lado de una chica linda durante una hora y parece un minuto”.

28 may 2010

Sabiduría Proverbial


Según un dicho, “si el sabio reprueba, malo; si el burro aprueba, peor”. No hace falta explicarlo. La sabiduría popular, no por ser popular es menos sabiduría. Los proverbios y los aforismos son algo así como semillas de sabiduría. Son la esencia de la experiencia, verdades relativas expresadas en forma sintética. La verdad, aunque sea relativa, al igual que la sabiduría, no pertenecen ni a un pueblo ni a una religión ni a una cultura. La verdad es verdad, la sabiduría es sabiduría. La naturaleza esencial del ser humano —si dejamos de lado los condicionamientos culturales— es la misma en cualquier lugar del planeta. Lo único que nos puede separar de la sabiduría, en caso que su expresión provenga de algún lugar distante de donde hemos crecido, son nuestros prejuicios. En una pared de la cabaña hay una buena cantidad de proverbios. Están separados por su origen, para que resulte claro que, si no fuera así, cualquiera de ellos podría tener cualquier otro origen.

Mongolia

  • No comiences si tienes miedo, cuando ya comenzaste no tengas miedo.

  • Si te esfuerzas, el destino te ayudará.

  • Un hombre cae siete veces y se levanta ocho.

  • Si la mente está limpia, el destino es bueno.

  • A un caballo que se suelta se lo puede agarrar, a una palabra que se suelta nunca.

  • La ceguera del corazón es más peligrosa que la ceguera de los ojos.

  • El sol ilumina al mundo, el conocimiento ilumina al hombre.

  • La distancia entre el cielo y la tierra no es mayor que un pensamiento.


China

  • Lleva diez años cultivar árboles, y cien años cultivar a la gente.

  • El hombre que sabe como perdonar no es un idiota, y un idiota no sabe cómo perdonar.

  • Una pulgada de tiempo es una pulgada de oro, pero una pulgada de oro no puede comprar una pulgada de tiempo.

  • Con el buen hierro no se hacen clavos, los hombres buenos no se hacen soldados.

  • Ver a través de la fama y la riqueza es lograr un pequeño descanso; ver a través del nacimiento y la muerte es lograr un gran descanso.

  • Mantén tu mente ocupada para lograr cosas; mantén tu mente abierta para comprender cosas.

  • Si sospechas de él no lo emplees; si lo empleas no sospeches de él.

  • Si no quieres que se sepa, no lo hagas.

  • A quien no tiene deseos se lo llama sabio; a quien tiene pocos deseos se lo lama virtuoso; a quien tiene muchos deseos se lo llama vulgar; a quien cede a todos sus deseos se lo llama loco.

  • Una pequeña filtración puede hundir a un barco poderoso.

  • La comida del mar no es salada aunque proviene del mar.


Irlanda

  • La comida del mar no es salada aunque proviene del mar (al igual que en China).

  • La tinta de los estudiosos dura más que la sangre de los mártires.

  • Un hombre puede llevar a un caballo hasta el agua, pero doce no lo pueden hacer beber.

  • Quien quiere disfrutar de la fruta no debe estropear el capullo

  • Una pequeña chispa frecuentemente ha encendido un gran fuego.

  • Un escarabajo reconoce a otro escarabajo.

  • Todo el mundo tiene buena onda hasta que una vaca se le mete en el jardín

  • Es difícil silbar y comer al mismo tiempo.

  • La espiga más llena de granos es la que más inclina su cabeza.

  • La marea no espera al hombre lento.

Del Dhammapada — Los Aforismos del Dharma
  • La mente precede a los fenómenos. Éstos están gobernados por la mente y hechos por la mente. Hablar o actuar con una mente corrompida es atraer dolor hacia uno mismo, como una rueda detrás de los pies del animal que la arrastra.

  • La mente precede a los fenómenos. Están gobernados por la mente y hechos por la mente. Hablar o actuar con una mente serena es atraer felicidad hacia uno mismo, como una sombra inseparable.

  • Las ocasiones de odio ciertamente nunca son apaciguadas mediante el odio. Son apaciguadas estando libre de odio. Esta es una ley eterna.

  • Otros pueden no comprender que debamos practicar el autocontrol, pero las querellas cesan en aquellos que comprenden este hecho.

  • De la misma manera que la lluvia entra en una casa con un techo malo, el deseo entra en una mente que no sido bien disciplinada.

  • Mientras que de la misma manera que la lluvia no puede entrar en una casa con un buen techo, el deseo no puede entrar en una mente que ha sido bien disciplinada.

    Del Tao Te Ching

  • Se modela la arcilla para hacer una vasija, y es en su vacío donde está su utilidad.
    Se abren puertas y ventanas, y en el vacío de ellas se halla la utilidad de la casa.


  • Quien sólo se ve a sí mismo no ve claro.
    Quien se exhibe a sí mismo no es inteligente.
    Quien se jacta de sí mismo no tiene verdaderos logros.

  • Quien conoce a la gente es sabio.
    Quien se conoce a sí mismo es esclarecido.
    Quien vence a la gente es fuerte.
    Quien se vence a sí mismo es poderoso.

  • La fama o nosotros mismos, ¿qué es lo que más importa?
    Nosotros mismos o las riquezas, ¿qué es más precioso?
    La pérdida de sí mismo o de los objetos materiales, ¿qué es más doloroso?

Los proverbios y aforismo son una buena herramienta para que no seamos aprobados por el burro. Siempre nos muestran un camino sobre el arco iris.

27 may 2010

El Narrador de Historias


Tres manifestaciones de humanidad: generosidad afectuosa, modales amables y conocimiento alabable.

Cuídate de tres personas: de el sin alegría, del que se burla y del que se ríe de las acciones ilegítimas.

Tres cosas difíciles de obtener: fuego frío, agua seca y codicia legítima.
Tríadas Celtas

A treinta y ocho grados latitud sur y cincuenta y siete grados longitud oeste, faltan veinticuatro días y medio para el solsticio de la mitad del invierno. Es también, tradicionalmente, el comienzo del año solar. Casi todas las culturas del planeta lo han considerado —y lo siguen considerando— así. Literalmente, de aquí a la China. Hay quienes no saben disfrutar del invierno, tal vez no sienten amor por el fuego. Para los que gustan de juntarse alrededor o cerca de un fuego, y compartir un buen té, u otras bebidas, el invierno tiene un gran atractivo. Es el tiempo de encender el hogar, o la salamandra, reunirse y contar historias. En todas las culturas, el narrador de historias es una persona de importancia. Algo así como un historiador doméstico con sentido del humor. Es el que conserva las leyendas. Y todos sabemos, al día de hoy, que las leyendas son más veraces que la historia.

Hasta no hace mucho tiempo, en las regiones de Irlanda apartadas de las grandes ciudades no había televisión. La gente vivía sanamente. El narrador de historias, el seanachí, era especialmente importante. En las largas y frías noches de invierno, era el seanachí el que mantenía despierta a la gente. De entre todos, el más reverenciado de los contemporáneos fue Eamon Kelly, el Maestro Seanachí. Aquí va una historia narrada por él, tomada de uno de sus muchos libros.

El Ceanai Fionn y Cluasach O Failbe
Cluasach O Failbhe era la mano derecha del Ceannai Fionn, un gran navegante irlandés, que cruzaba los mares muchísimo antes que Brendan. En uno de los viajes, Cluasach O Failbhe tuvo un vislumbre de otro mundo y así es como sucedió:

En el camino de regreso a casa frecuentemente estaban hambrientos y acostumbraban a tirar el ancla y pescar un poco. Un día, cuando iban a levar el ancla no pudieron hacerlo, de modo que Cluasach O Failbhe dijo que bajaría a ver qué la retenía. Tomó una respiración profunda y allí fue bajando a lo largo de la cadena, sólo para encontrar que el ancla estaba enganchada al dintel de una puerta. Entró a la casa y, ahi adentro había: ¡oh!, una hermosa joven.

“Oh, Cluasach”, dijo, “te miro todos los días pasando por arriba con el barco. Estoy locamente enamorada de ti, y ¿te casarías conmigo?”

“Muy bien”, dijo Cluasach, “lo haré. Pero primero me gustaría ir a casa y hablar con mi madre”.

“Si te vas a casa debes darme tu promesa solemne de que volverás, y si rompes tu promesa y alguna vez vuelves al mar, subiré y te traeré abajo yo misma, porque no puedo vivir sin ti” ¡Se había enamorado así de fuerte!

Cluasach le dio su promesa, desenganchó el ancla del dintel de la puerta, y arriba voló el ancla llevándolo a él también. Le contó al Ceannai Fionn acerca de la hermosa mujer en la casa bajo el mar.

“No pienses en ella”, dice el Ceannai Fionn, “morirás de reumatismo viviendo abajo en ese viejo lugar tan húmedo”.

Volvió a casa y le contó a su madre, pero la madre tampoco lo escuchó. “¡Casarse con forasteros! ¿En qué piensa?” Lo mantuvo alejado del mar, y desde entonces no hubo más barcos para Cluasach. El tiempo pasaba y no podía sacar de su mente la imagen de esa hermosa mujer. Un día estaba jugando al fútbol abajo, en la orilla. Un torpe pateó la pelota al agua y, Cluasach, olvidándose de sí mismo, fue a buscarla. Y allí estaba ella esperando dentro de las olas. Lanzó sus dos manos alrededor de él y lo llevó con ella, bajo el mar, hasta Tir Fó Thoinn (la Tierra bajo las Olas). Y nunca volvió, y supongo que se casó con ella. Pero acostumbraba a mandar un presente. Cada víspera de Mayo, durante los siguientes cincuenta años, las tres chispas quemadas solían llegar a Trá Fraisc. ¿No vivió largo tiempo con ella allá abajo? El matrimonio jamás ha acortado la vida de un hombre si encuentra la mujer correcta.

Eamon Kelly
Ireland’s Master Storyteller
Marino Books – Mercier Press; Dublin
ISBN 1-86023-080-6

Si como Cluasach O Failbhe, deciden quedarse en otro mundo ¡nunca olviden mandar regalos a casa por lo menos una vez al año!

26 may 2010

Té Tibetano — Po Cha


Durante los primeros años de mi formación, mis maestros fueron japoneses y chinos. Para mi formación con el té también. A la manera china y japonesa, por supuesto. Conservo una taza para ceremonia de té, hecha por Mizutani Jiro sensei. Es uno de mis tesoros. Todo esto quiere decir que nunca había probado el té preparado a la manera tibetana. Jamás. Había leído acerca de él, pero tal como en el dicho Zen, las tortas dibujadas no satisfacen el hambre. Finalmente lo probé… en Ashland Oregon.

Cerca de Ashland, en Mount Ashland, está Tashi Choling, un monasterio Ñingmapa, a cargo de Gyatrul Rinpoche. En medio de las montañas, no sólo se encuentra el monasterio, también viven algunos yoguis con sus familias. Yendo un poco más alto en la montaña, vive Philip, un viejo y buen practicante, que tuvo maestros excepcionales. Allí me llevó mi amigo Thubrig. Por una chapa enlozada dentro de su casa, descubrí que había vivido en Perú y en Chile. Almorzamos, tuvimos charlas maravillosas en medio de la hospitalidad de Philip, no menos maravillosa. Y por supuesto, tomamos té. Aunque soy un vegetariano —no ovo-lácteo vegetariano— probé el té tibetano. No me arrepentí ni una fracción de segundo. No se exactamente cómo lo preparó Philip, la forma tradicional en Tibet es bastante complicada, porque entre otras cosas, al té algunas veces lo hierven por horas. Aquí va una receta más común para que prueben.

Po Cha — Té con Manteca

Ingredientes para cuatro tazas:

Agua

Té negro

1/4 cucharita de té de sal

2 cucharas soperas de manteca

1/2 taza de leche, mejor si es entera, y también le pueden agregar crema. Eso hace que sea más parecida a lo que es la leche.

Preparación


  • Primero, hervir cinco o seis tazas de agua y apagar el fuego.

  • Poner dos cucharas soperas colmadas de té en el agua y hervir otra vez durante unos dos minutos.

  • Colar el té

  • Poner el té, un cuarto de cucharita de té de sal, dos cucharas soperas de manteca y media taza de leche en un recipiente que cierre bien para agitar el té. También pueden usar una licuadora.

  • Agitar bien, o licuar durante dos o tres minutos, cuanto más mejor. El Po Cha tiene mejor sabor cuando se lo sirve bien caliente.

Vamos camino al solsticio de la mitad del invierno. Aunque difícilmente tengamos tanto frío como en Tibet, un buen Po Cha, para quienes consuman lácteos, va a resultar muy reconfortante ¡A disfrutarlo!

25 may 2010

Retornar a la Naturaleza


Cuando en la ciudad el cielo repentinamente se nubla y cae una lluvia fuerte, muchos se sorprenden. Hace muchos años, oí a alguien decir que en la ciudad la lluvia es un anacronismo. Más o menos por ese tiempo, otros ya consideraban a las ciudades como un anacronismo. Tomaron conciencia de que los humanos no estamos hechos para vivir en grandes conglomerados. Los científicos hicieron experimentos con ratas, porque tienen comportamientos similares a los humanos. Puestas en un medio superpoblado —de ratas, por supuesto— los pobres bichos empezaron a actuar como los humanos en las grandes ciudades. Hasta se mataron entre ellas, algo que nunca había sucedido antes.

¿Por qué sucede esto? Sucede porque no es natural. Vivimos en un planeta, el planeta es un organismo. Todos los seres vivos, los tres reinos, animal, mineral y vegetal obedecen a leyes inmutables. No hay forma de escapar de esto. Las siembras hay que hacerlas en el momento correcto, y no se puede tirar de los brotes para hacer crecer el pasto. La tierra sigue su trayectoria alrededor del sol. El sistema solar sigue su trayectoria junto con la galaxia. El corazón bombéa la sangre, que circula por nuestro cuerpo. Los electrones giran alrededor del núcleo del átomo. Esto se llama Naturaleza. Podemos apartarnos de la naturaleza. Seguro podemos plantar las semillas cuando se nos antoje. Lo que no podemos es querer que las plantas crezcan si no plantamos en el momento correcto. no ese puede ir contra la naturaleza. Desde los filósofos hasta los científicos, todos se volvieron conscientes de que apartarse de este error grave. Entonces advirtieron, y nos advirtieron de la necesidad de retornar a la naturaleza. Volver a la tierra.

Muchos creen que retornar a la naturaleza es solamente ir a vivir fuera de las grandes ciudades. Sin embargo, esto puede no ser suficiente. Hay quienes lo hacen, y no por eso viven mejor. El cambio, como cualquier cambio real, necesita ser natural. Tiene que funcionar igual que una semilla. La fuerza de la semilla está en su interior. La nuestra también. Esa es la ilimitada fuerza de la vida. Un antiguo poema que habla de esto,

La mente del hombre busca hacia afuera todo el día.
Cuanto más lejos llega,
Tanto más se opone a sí misma.
Sólo aquellos que miran hacia adentro,
Pueden censurar sus pasiones,
Y cesar sus pensamientos.
Pudiendo cesar sus pensamientos,
Sus mentes devienen tranquilas.
Tranquilizar la mente es nutrir el espíritu de uno,
Nutrir el espíritu es retornar a la Naturaleza.

Es un antiguo poema taoísta. Los que pueden leer inglés lo van a encotrar en Creativity and Taoism, un libro excelente, escrito por Chang Chung-yuan, profesor de filosofía en la Universidad de Hawaii. No es necesario tener interés en el taoísmo para leerlo, basta con tener interés en la creatividad. Después de todo, en la vida es mejor ser creativo. La naturaleza es creativa. Vivimos en un constante proceso de creación. Actuar en armonía con esto es simplemente natural, como cocinar y comer cuando tenemos hambre, y sonreír en el ojo de la mente.

24 may 2010

Bosque y Equilibrio


Escuchar música es algo maravilloso. Nos transporta inmediatamente a otros mundos. Cada uno tiene su música favorita para distintas ocasiones. Pero lo que todas tienen en común, es transportarnos. Instantáneamente generan un clima y un estado de ánimo. Como cantar. El gran tenor irlandés Joseph Locke decía que cantaba siempre. Si estaba alegre lo hacía por estar alegre, y si estaba triste, para levantar el ánimo. Hay momentos el los que nos sentimos un poco encerrados. Aun si tenemos un buen jardín, a veces tenemos la sensación de encierro. Hace falta salir. Cambiar de aire. Llevar nuestra vista y oído a otro lugar. Ese lugar puede ser un bosque.

No es necesario que sea muy grande. Hasta una o dos hectáreas pueden ser suficientes. Lo que sí es relevante es que, una vez adentro, encontremos un lugar desde donde no se vea el exterior del bosque. En ese sitio, estamos en otro mundo. Si nos detenemos, nos sentamos, respiramos y miramos un poco alrededor, sentimos la sensación de que el tiempo y el espacio desaparecieron. Eso es exactamente lo que buscamos. Cuando no hay tiempo ¿cómo podemos sentir necesidad de apresurarnos? el sentimiento de estar corridos por el tiempo se desvanece, como las nieblas de la mañana cuando sale el sol. Un minuto se transforma en un mes, una hora en un año. Como en el poema de William Blake, tenemos el infinito en la palma de la mano, y la eternidad en una hora.

Algunas personas pueden tener temor de aburrirse al estar en un bosque. Sin embargo ¿se aburrirían mirando una película, leyendo un libro o revista, escuchando música? Sentarse y contemplar el bosque es como mirar una película y escuchar música. Pasaron más de sesenta años desde que John Cage enseñó a todo el mundo que la música está presente en todas partes. Todo lo que tenemos que hacer en el bosque es caminar un rato, hasta que encontramos un lugar que nos invita a quedarnos. Allí es donde nos podemos sentar, mirar, escuchar, pensar y no pensar. Cuando la mente se funde con el paisaje, no hay diferencia entre el paisaje y nosotros. Somos el paisaje, lleno de serenidad y armonía. Libres de apresuramientos, inquietudes o ansiedades.

Si vamos por unas pocas horas, podemos ir sin llevar nada. Pero sin embargo, no está demás llevar algunas cosas. Tal vez un libro que queremos leer tranquilo. Es muy probable que una vez en el bosque no queramos leerlo. Pero sabemos que está ahí. Si vamos a pasar el día, o medio día, un almuerzo o una merienda entran en una mochila pequeña, o en un bolso. Estar en la naturaleza, donde no hay nada controlado por los humanos, nos ubica en el lugar correcto que ocupamos en este mundo. Estar en el bosque es una ayuda valiosa para encontrar el punto de equilibrio. El que encontramos es nuestro propio equilibrio interno.

En el bosque, podemos tomar té. Un buen termo, lleno de el té que hayamos decidido tomar, y las tazas que hagan falta redondea el momento. No importa si la visita es larga o corta, porque salimos del tiempo común del reloj. Una vez en el bosque… volvemos a ser como niños.

22 may 2010

Banchá, Playa, Invierno



Las playas no son sólo para el verano. Durante las cuatro estaciones siguen estando ahí. Si vamos al agua o no, es irelevante. El océano está ahí. A veces calmo, a veces bravo. La playa casi siempre está vacía, salvo por los pocos que la aprecian. Contemplar el encuentro de cielo y mar despierta un estado interno que no se puede describir con palabras.

Un viejo amigo mío trabaja en la playa todo el año. Está a cargo del restaurante. Estos últimos días había estado sobrecargado de trabajo, cuidando las reformas y mejoras que tenía que estar listas hoy sin falta. Ayer, lo fui a ver a la playa, de ahí, después de un rato, iríamos a su casa, a cenar junto con su familia. Llegué, y lo encontré en un descanso. Sin perder un segundo, fui hasta la cocina del restaurante —que estaba cerrado al público— tomé una taza y la puse sobre la mesa, delante de él. En un bolsillo de mi mochila llevaba, por supuesto, un termo con té, que había preparado antes de salir de casa. Para mi, saqué de la mochila una taza japonesa que llevo cuando viajo, y me senté frente a él.

— ¿Un banchá?

— Si, gracias… me va a venir bien para reponerme y completar el descanso, así después trabajo un rato más y nos vamos.

Así, tomamos nuestro banchá. No todos escucharon hablar de este té, muy usado por los que siguen la dieta macrobiótica. Es un tipo de té verde japonés, de bajo precio, pero en absoluto desdeñable. Por el contrario, es excelente para la salud. La diferencia con el té verde común —y con otros tés— es el momento de la cosecha. Las hojas se recogen, al final de la estación, después de haber permanecido por lo menos, tres años en la planta. Por eso, también se lo llama té de tres años. Debido a que las hojas que se usan para el banchá son más viejas, y se le suelen dejar ramitas, casi no contiene cafeína, sólo del 0.5 al 1.5 por ciento. El contenido de tanino y teína también es muy bajo. Pero en cambio es rico en vitaminas A, C, B1, B2, calcio, hierro, Cinc y Manganeso.

El sabor del banchá es ligeramente tostado con un ligero dejo a maderas verdaderamente agradable. Es muy común agregarle un poquito de sal. Además del común, hay otros dos tipos principales de banchá,

1. Hojicha. Se hace con hojas tostadas. Tiene un aroma —por supuesto— tostado y color dorado claro.

2. Geimancha. Es una mezcla de hojas de banchá y arroz tostado al fuego. El este té tiene sabor a granos, ligeramente salado y muy agradable.

También hay diferentes formas de prepararlo. Por supuesto, se lo prepara en infusión, como a los otros tés, con el agua alrededor de los 80 grados Celsius (centígrados). Pero también se lo pude hacer en decocción. Cuando es así, se lo deja hervir de dos a tres minutos, y después reposar por cinco o diez. Por supuesto lo pueden usar para prepara té a la manera mongol. Hay quienes lo tuestan en una sartén antes de prepararlo, con lo que se vuelve más intenso. No importa cuál sea la forma en la que lo hagan, es excelente para la salud, y muy apropiado para los niños, debido a que casi no contiene cafeína, y la cantidad de teína es mínima.

En una tarde de invierno, con sol, o nublada pero sin lluvia, ir a la playa, aún una hora antes del crepúsculo es algo digno de hacerse. Compartir el té, una buena charla o el silencio con un amigo, mientras contemplamos el océano y el cielo, hace que el corazón se expanda más allá de lo imaginable.

21 may 2010

Un té mongol


Tommy entró a la cabaña con su andar tranquilo, y fue derecho a la mesa donde Juan y Dan ya estaban sentados. Se sacó la campera el gorro de lana azul, húmedos por la niebla, y se sentó. Los tres amigos se miraron con una sonrisa cómplice. El día bastante frío y con una densa niebla era ideal para reunirse en la cabaña de té, cerca del fuego. Al ver que ya están los tres reunidos, Luis se acerca a la mesa.

— ¿Oloong? ¿Tie Guanyin…?

— Hmmm… ¿Qué tal algo más sustancioso y fuerte con esta niebla fría? No a la manera china o japonesa…

Tommy, Juan y Luis lo miran a Dan socarronamente. Tommy abre el pico.

— ¿Himalayas? No creo que Luis tenga algo listo. Lleva un buen rato preparar el té a la manera tibetana, para que esté realmente bien hecho.

— ¡Pero puedo preparar suutei-tsai! Es bastante rápido.

— Sólo que no va a estar preparado con leche de cabra. ¡Pero si! Un té a la manera mongol va a venir muy bien.

Tommy y Juan lo miran a Dan sonrientes. Les ahorró el trabajo de preguntar qué es lo que les estaba ofreciendo Luis. Luis les alcanza una tetera con té verde y unos bollos rellenos con porotos azuki, para que tengan algo mientras esperan. Unos diez o quince minutos más tarde, vuelve con tres tazones altos y circulares. El humo que sale de ellos va dejando figuras en el aire a su paso. Es la primera vez que Tommy y Juan toman suutei-tsai. El aroma es delicioso, y la sonrisa que tenían en sus rostros aumenta. Al primer sorbo Tommy pone el tazón sobre la mesa y sacude la cabeza mirándolo a Luis.

— ¡Qué bueno! Maravillosa idea Luis… por favor ¡¿cómo se prepara esto?!

— Fácil. Aquí va la receta, pueden usar té verde o té negro.

Primero, pongan a hervir té en la cantidad de agua, calculen una cucharita de té por taza, más o menos. También depende del té que usen. Hiérvanlo durante unos minutos, dos o tres… no hay tiempos rígidos, depende de lo fuerte que quieran al té.

Después agreguen leche, en la misma cantidad que agua. Si pusieron un litro de agua, pongan un litro de leche. Sigan hirviendo. La costumbre mongol es no revolver, sino usar un cucharón para, a la vez que se revuelve, también sacar y volver a dejar caer el té en la olla. Como cuando enfrían la sopa. Sigan hirviendo por unos cinco minutos. Después, se le agrega un poco de sal, aproximadamente una cucharita de sal para dos litros de tsuute-tsai. A propósito, en idioma mongol eso quiere decir… té con leche y sal. ¡A disfrutarlo!

20 may 2010

Prepararse para el Té


Ver un mundo en un grano de arena
Y un cielo en una flor silvestre.
Tener el infinito en la palma de tu mano
Y la eternidad en una hora.
William Blake

A comienzos del invierno, los árboles dejan caer las hojas. Tal vez podamos creer que caen las hojas porque es invierno. Pero en realidad no es así. Las hojas que caen y el invierno son una misma cosa. Si pensáramos que las hojas caen porque es invierno, también podríamos decir que es invierno porque caen las hojas. No hay nada más cierto que la causa y el efecto. Tomar el efecto por la causa es un problema muy grave. Pero también hay ciertas cosas-eventos que son simplemente coincidentes. Coincidentes, no casuales. Como las hojas que caen en invierno y los pastos que crecen en primavera. Tomar té y la serenidad alegre. No son uno la causa del otro. Son una sola cosa.

Para tomar té preparamos el equipo, o lo prepara alguien más. Nosotros nos preparamos internamente. Dejamos los asuntos mundanos de lado, como nos sacamos los zapatos y la ropa de lluvia mojada al entrar a casa, o al de un amigo. En la conversación, dejamos de lado cualquier tema mundano, político o desagradable. Los pensamientos también. No los prohibimos. Simplemente los dejamos de lado. Si por un instante surgen, los miramos sonrientes, los saludamos y los dejamos ir. Los invitados son otros. El invitado principal es el té. Y junto con el té, las artes que lo rodean. La poesía, la pintura… el silencio. Necesitamos silencio para escuchar el sonido del agua en el fuego, o en el brasero. Necesitamos silencio físico y silencio la mente. Ese silencio también es necesario para escuchar un poema, o la música. Hasta para mirar un cuadro, sea de pintura o de caligrafía, se necesita silencio en la mente.

La percepción de todo cambia mucho con el silencio. Los objetos, los sonidos, los eventos, los animales e insectos, el sabor del té, la charla amistosa. Todo toma otra dimensión. La percepción de la vida toma otra dimensión. En el mundo moderno, todo tiene un ritmo demasiado agitado. Agitado no quiere decir veloz. La agitación trae, inevitablemente, fatiga. La velocidad sin agitación no. El mundo del té es otro mundo. Hay muchos mundos en el mundo. Tenemos que ser lo suficientemente libres como para elegir en cuál o en cuáles vivimos. El mundo del té es un buen mundo para visitar con frecuencia.

Lo primero que hacemos para tomar té, ya sentados a la mesa, es, recordar que estamos vivos. Recordamos que estamos vivos siendo conscientes de que respiramos. Observamos la respiración ¿Cómo está? ¿Lenta o rápida? ¿Agitada o serena? ¿Corta o completa? ¿Silenciosa o ruidosa? Juntamos las manos y la observamos. Solamente observamos, en silencio. Volvemos la audición hacia adentro. Escuchamos la respiración, hasta que sea tan silenciosas que no podamos oírla en absoluto. Ah… cuantas cosas se empiezan a oír cuando la respiración se volvió inaudible para nosotros mismos. Hasta escuchamos de modo diferente la conversación. Como si antes hubiéramos tenido los oídos taponados.

No sólo la audición se vuelve hacia adentro. La vista también. No hace falta cerrar los ojos, entornarlos y mirar ligeramente hacia abajo es suficiente. Como si la vista pasara por la punta de la nariz. Así podemos mirar hacia el ombligo, y algo debajo del ombligo. En la panza de mamá, el bebé se nutre por el ombligo. Algo debajo del ombligo almacenamos energía. Por un momento miramos esa región, el ombligo y ligeramente debajo. Entonces, volvemos a mirar hacia afuera. Después de escuchar hacia adentro oímos mejor lo de afuera. Después de mirar hacia adentro vemos mejor lo de afuera. De pronto, nos volvimos conscientes de que no controlamos la respiración. La respiración nos respira. El corazón nos late. Los ojos ven. Que otra cosa nos queda sino sonreír y mirar, con la alegría secreta de habernos dado cuenta de que no necesitamos controlar nada. No hay ni controlador ni controlado. Es suficiente seguir el gran camino del universo. Somos uno con los átomos diminutos que componen nuestras células. Somos uno con los inmensos sistemas de galaxias que giran incesantemente en el universo. No hay dos. No hay uno. Es.

El té está listo, la charla agradable. El aroma del té y el fuego llena el lugar. Las risas completan la música del agua, el fuego y el silencio. Ahora percibimos, como en el poema de Blake, un mundo en un grano de arena, un cielo en una flor silvestre. Vivimos en la eternidad.

19 may 2010

Movimiento, Quietud y Equilibrio


Es difícil encontrar a alguien a quien no le guste escuchar el sonido de la lluvia. Especialmente cuando no hay goteras en la casa. Es también difícil encontrar a quien no lo le guste escuchar el sonido del agua de un arroyo. No importa en cuál de las cuatro estaciones, sentarnos a orillas de un arroyo y escuchar al agua corriendo nos produce una sensación maravillosa. Hasta se venden grabaciones de esos sonidos. Ayudan a serenarnos y sentirnos bien. Curiosamente, escuchar al agua moviéndose entre las piedras, nos produce una sensación de quietud. Casi nos transporta a otro mundo. Tal vez por eso se dice que el movimiento es el fundamento de la quietud.

El agua está en movimiento constante, en acción constante. Aún serena en un lago, se mueve, se evapora, flota con las nubes, cae como lluvia o como nieve. Corre entre las piedras del arroyo, que permanecen inmóviles. El agua las desgasta y les da nuevas formas. Las piedras siguen imóviles. Hay mucho del secreto de la vida en las piedras y el agua. Hay mucho del secreto de la vida en el arte del té. El equilibrio entre la acción y el reposo, el trabajo y el descanso, el sueño y la vigilia son buena parte del arte de vivir. Si el equilibrio se rompe, el equilibrio de nuestra vida se rompe. Nuestra salud se rompe, y con ella se rompe nuestra felicidad. El Dalai Lama dijo que la felicidad no es un don, es un arte que exige voluntad y práctica. Cualquier arte lo exige. El arte consiste en un treinta por ciento de inspiración y un setenta de dedicación. El arte de vivir también. Y buena parte de un arte es mantener el equilibrio. Es mejor no vivir como si camináramos por el filo de una navaja. Un antiguo poema habla acerca de este arte,

Si nada dentro tuyo permanece estancado,
Todas las cosas se aclaran solas.
En movimiento sé como el agua,
En la quietud, sé como un espejo,
Responde como un eco.

Aprendemos a actuar equlibradamente teniendo actividades que requieran equilibrio. Puede ser en deportes como el ski, el golf, la arquería, la equitación, o en prácticas como yoga o taiji quan (taichi chuan). Preparar el té, como vimos en otras notas, también nos lleva a la serenidad en la mente y el equilibrio en la acción.

Una historia cuenta de un hombre que fue a ver a un maestro y le preguntó si podía hacer algo, porque su esposa era muy tacaña. El maestro fue a verla, le mostró su puño cerrado y le preguntó

—¿Qué diría de mi mano si estuviera siempre así?
— Deformada.
— ¿Y si estuviera siempre así? preguntó, mostrándole la mano completamente abierta.
— También deforme.
— Si entiende esto entiende suficiente.

A partir de entonces, la esposa dejó de ser tacaña.

El arte del equilibrio es muy reconfortante. Es tan reconfortante como tomar un buen té, preparado con concentración y alegría. Tampoco podemos decir que sea tan difícil. Después de todo ¡hasta un montón de piedras apiladas es capaz de mantenerse en equilibrio!

18 may 2010

Adentro-Afuera


Según un dicho, lo más importante de una ventana es lo que se ve por ella. Muchos estarán de acuerdo que en un lugar frío, en invierno, también es importante que cierre y aísle bien. Creo que todos coincidimos en que lo más importante es lo que se ve por ella. No importa en cuál de las cuatro estaciones, mirar por la ventana es algo especial. Despertarse en la mañana, y ver si el día es soleado o nublado, si hay viento o no… tomamos contacto con el mundo el mundo exterior al verlo. Lo más importante es lo que se ve por ella. No sólo al comenzar el día. En cualquier momento —si hacemos una pausa en el trabajo por ejemplo— mirar por la ventana y ver algo agradable, nos descansa. Mirar afuera refresca la mente.

Los ojos, se dice, son las ventanas del alma, o del espíritu, o de la mente. Al mirar por la ventana de la habitación en la que estemos, en realidad no miramos con los ojos. Miramos con la mente. Los ojos son como la ventana, la mente como la habitación en la que estamos. Fuera de la habitación hay un paisaje, tal vez una calle, pasan personas, animales, vehículos. Un pájaro se posa en la rama de un viejo pino, el viento mueve la rama. Nosotros observamos eso. Lo que vemos por la ventana está fuera de la habitación. Si pasa un auto, el humo del escape está afuera. Si hay flores y la ventana está cerrada, no percibimos su aroma. De la misma forma, las cosas-eventos que observamos no tocan nuestra mente, siempre que no nos apeguemos. En realidad, hablar de adentro y afuera es figurativo. Si vamos un poco más allá de la superficie, descubrimos que no hay ni adentro ni afuera.

Un filósofo, para explicarle la relación adentro-afuera a su hijita, le mostró una manzana. Señaló la superficie y le dijo, esto es afuera ¿correcto? y lo que está debajo de esto es adentro. Entonces tomó un cuchillo, cortó la manzana por la mitad y le dijo, lo que antes era adentro, ahora es afuera ¿ves? En realidad, todo ocurre en la percepción de nuestra mente. Apegarnos a las cosas-eventos, es como traer dentro de la habitación el paisaje que vemos por la ventana. La mente es como la habitación, los ojos la ventana. Observamos los pensamientos: surgen, pasan y se disuelven. Las cosas-eventos, también surgen, pasan y se disuelven. Si nos apegamos a las cosas agradables, cuando se disuelven eso nos causa dolor. Si nos apegamos a las cosas desagradables, mientras ocurren, eso nos causa dolor. Si contemplamos sin apegarnos, entonces podemos disfrutar de las cosas agradables como cuando miramos una puesta de sol. El sol comienza a bajar, las nubes se ponen rojas, el cielo toma colores de azul y púrupura. El sol, naranja intenso, después rojo y después se pone detrás del horizonte. Terminada la puesta de sol, nos vamos con el espíritu expandido, no corremos detrás del sol. El sol se va, nuestra alegría permanece.

Tomar té, delante de una ventana es una forma de meditación. Dejamos de lado todos los asuntos y preocupaciones mundanas. Silenciamos la mente, nos vinculamos con los amigos. Escuchamos el sonido del agua en el fuego, percibimos el sabor del té. Entonces, vemos el paisaje por la ventana, miramos percibiendo el aroma del té. Todo lo que queda es la mirada y la sonrisa.

17 may 2010

¿Té y Cafeína?


Milarepa, el gran yogui de Tibet dijo, apresúrate lentamente para que puedas llegar rápido. Nada más cierto. Actuar velozmente no quiere decir acelerarse. Cualquier artista marcial sabe que la clave para la velocidad es la relajación. Tal vez algunos deportistas también lo sepan. Probablemente los jugadores de golf y los que practican arquería. La tensión impide la circulación de la energía vital en el cuerpo. Estar acelerados mentalmente impide que podamos ver las cosas con claridad: generalmente hace que detalles importantes pasen por alto. Nada como un buen té para serenarse, incrementar el alerta, relajarse y aumentar la atención. Estas son las cosas que nos permiten actuar con velocidad y precisión. Hay quienes no toman té porque contiene cafeína. Es cierto que el té la tiene, pero ¿en qué cantidad? Generalmente, si a los que no toman té por esta razón se lo preguntamos, no sabrán responder. Bien, depende de qué te, por supuesto. Pero siempre… muy poca, especialmente si lo comparamos con el café.

Tenemos también otra pregunta: ¿cuál es el problema con la cafeína? Depende de la cantidad. En líneas generales, de 25 a 50 miligramos de cafeína son suficientes para incrementar el alerta en la mayoría de la gente. La cafeína no elimina la necesidad de dormir, sólo reduce, temporariamente, la sensación de cansancio. Hasta ahí, no es especialmente nociva. Si nos excedemos, hay efectos colaterales que seguramente no queremos: ansiedad, confusión, nerviosismo, irritabilidad, insomnio, taquicardia, palpitaciones, dolores de cabeza, temblores musculares, nausea,visión borrosa, mareos. El exceso de cafeína produce un desorden de ansiedad, que pude tomar muchas formas. Desde ansiedad generalizada, hasta ataques de pánico, síntomas obsesivo-compulsivos y aun síntomas de fobias. Muchos profesionales de la salud han indagado en el cafeinismo. Un estudio del British Journal of Addiction llegó a la conclusión de que, aunque generalmente no se lo diagnostica, una de cada diez personas de la población puede sufrir de cafeinismo. Han observado que como los síntomas son idénticos a los de desórdenes mentales, a mucha gente se la diagnostica y médica incorrectamente. Estas personas deberían ser tratadas por el cafeinismo.

Entonces… ¿qué hay del té y la cafeína? La cantidad de cafeína que hay en el té depende de los diferentes tipos, y esta es una tabla comparativa,

Taza de 200 cc. Cafeína (mg)
Café filtro 80-135
Café colado 115-175
Café instantáneo 65-100
Café decafeinado 5-15
Expreso (pocillo) 100
Té, Negro (en saquitos o en hebras) 50-65
Té, Verde 15-35
Té, Blanco 10-25
Té, Oolong 15-50

Un buen té, además de todos los beneficios para la salud que vimos en las notas anteriores, tiene la capacidad de mantenernos despiertos y alerta sin estimular excesivamente el sistema nervioso central. No nos acelera ni nos pone nerviosos. Por el contrario, nos ayuda a mantenernos serenos y relajados. Los seguidores de algunos caminos espirituales y religiones no toman té, por la creencia de que interfiere en el camino. Sin embargo, si recordamos la enorme cantidad de maestros iluminados, del pasado y del presente, que tomaban y toman té, no hay dudas de que no interfiere. Podemos tomar té con la tranquilidad de que no sólo no nos causará daño de ningún tipo, sino que nos servirá para conservar equilibrio, tranquilidad y felicidad. Como un gato descansando entre sus libros favoritos.

15 may 2010

El Té y el Fuego


Aunque para algunos puede pasar inadvertido, pensar en el té no sólo involucra al agua. Se necesita, inevitablemente, al fuego. Tradicionalmente, en China, para calentar el agua preferían al carbón, para evitar el humo del fuego. Sin embargo, para tomar té, como para cualquier actividad similar, lo más importante es la atmósfera. Hay muchas cosas que se cuidan, y varían según los lugares. China, Japón, Corea, Mongolia, Tibet, cada uno tiene sus códigos y formas de preparación. En China, el país de origen, gustan de hacer listas de lo que hay que tener en cuenta, cosas para evitar y algunas otras. Hacer estas listas es una costumbre muy asiática. En realidad, también lo era en los tiempos en los que Europa aún tenía sus naciones originarias con sus costumbres propias. La atmósfera para tomar té, sin embargo, es común a todos. Antiguamente, Tian Yiheng, en China la describió e pocas palabras,

Uno bebe té para olvidar el ruido del mundo; no es para aquellos que comen comidas especiales y visten pijamas de seda.

Según el Chalu, un excelente libro sobre el arte del té,

Al beber té es importante que los huéspedes sean pocos. Muchos huéspedes haría que fuera ruidoso y que sea ruidoso le quita todo el encanto. Beber solo se llama secluído; beber entre dos se llama confortable; beber con tres o cuatro se llama encantador, beber con cinco o seis se llama vulgar.

¿Cuáles son, tradicionalmente, momentos adecuados para beber té? Algunos momentos clásicos:

Cuando el corazón y las manos de uno están ociosas.
Cansado después de leer poesía.
Cuando los pensamientos están disturbados.
Encerrado en casa durante un día festivo.
Durante una conversación tarde por la noche.
Delante de una ventana brillante y un escritorio limpio.
Al volver de visitar amigos.
Cuando el día es claro y la brisa fresca.
En un bosque con bambús altos.
Una vez que uno encendió incienso en un estudio pequeño.
Cuando la fiesta terminó y los invitados se fueron.
Cuando los chicos están en la escuela.
Al lado de arroyos famosos y rocas curiosas.

También hay momentos en los que no se debería tomar té. Por ejemplo,
En el trabajo.
Al abrir cartas.
Durante una lluvia o nevada fuerte.
En una larga y gran fiesta de vino.
Cuando se ven documentos.
Algunas cosas para evitar:
Mal agua.
Malos utensilios.
Cucharas de bronce.
Marmitas de bronce.
Cucharones de madera para el agua.
Sirviente grosero.
Muchacha de mal carácter.
Toallas que no estén limpias.

Aunque estas cosas para algunos pueden parecer simples caprichos, en realidad no lo son en absoluto. Cuidar esto es cuidar la atmósfera. Una mirada cuidadosa nos hará conscientes de que se observa lo que crea una atmósfera de alegría serena, y se evita lo que interferiría con ella. Para usar una expresión vulgar, se trata de no poner una colilla de cigarrillo en el huevo frito. No solamente se mantiene una atmósfera de alegría serena. También es una de simpleza e intimidad, en la que se pueda escuchar y compartir el silencio.

Una vez, con mi hija, el marido, y unos amigos, estábamos acampados en un bosque, el Parque nacional de Redwoods (un tipo de sequoia), en el norte de California. Habíamos ido hasta allí desde el sur de Oregon, para acampar entre árboles de más de quinientos años de edad. Por supuesto, al caer la noche encendimos un fuego en el lugar especialmente preparado para eso. Buscar y preparar la leña, ponerla en el pozo para fuego y encenderlo es un ritual casi tan antiguo como la humanidad. Una vez listo, reunirse alrededor del fuego une a los espíritus de una forma que no se puede expresar en palabras, y todos conocemos. El fuego es sagrado. De pronto, miré alrededor. Todos teníamos carpas de tecnología moderna. Habíamos dejado de lado los teléfonos celulares. De cualquier modo no hay señal en un bosque así. Llegamos en autos modernos de alta tecnología, también había gente en casas rodantes que no tiene mucho que envidiar a la habitual. Y ahí estábamos, reunidos alrededor del fuego de una hoguera compartiendo la alegría incomparable de estar acampados allí. Olvidados los autos modernos, los teléfonos celulares, las computadoras y demás. Lo más importante era la atmósfera de estar alrededor del fuego. Hasta ahora no lo encontré en ninguna lista, simplemente está en mi lista personal de momentos apropiados para tomar té. Al estar reunidos, alrededor del fuego al caer la noche ¡No olvidar el equipo de té cuando se sale a acampar!

14 may 2010

Aloha


Recién llegado a Honolulu, aprendí dos palabras en hawaiiano: Aloha y mahalo. Mahalo quiere decir gracias. Pero Aloha… no me quedaba claro. Por lo menos descubrí que no quiere decir ni hola ni adiós. Por todas partes veía, leía, oía hablar, de la importancia de vivir constantemente el Espíritu de Aloha. Mientras tanto, algo me maravillaba cada vez más en Hawaii. La gente y el espíritu del lugar. La increíble amabilidad, la serenidad, el amor con lo que se hace todo, y simultáneamente la actitud de no estar haciendo nada especial. Cada acto hecho con la misma naturalidad con la que las palmeras dan una sombra refrescante en el calor del mediodía. Fuera adónde fuera, a comprar comida, a comprar un fierrito eléctrico con el que calentarme agua para hacer té en el hotel, a comer a algún lado. Constantemente la sonrisa auténtica, el afecto alegre, la serenidad. Todo eso provoca la sensación de que el corazón se expande. Como al mirar el sol poniéndose en el Pacífico, cuando hace que el cielo se vuelva rojo profundo y azul intenso, contemplado por todos desde Ala Moana. Siempre era guiado con tanto cuidado, con tanto afecto, por quienes no me conocían, y sin duda, les importaba sinceramente que estuviera bien y consiguiera lo que necesitaba. Mientras tanto, me seguía preguntando ¿qué es Aloha? ¿qué es el espíritu de Aloha? Entonces averigüé un poco. Sólo un poco, de la muy profunda tradición hawaiiana.

Algunos lo narran en forma de leyenda, en forma de mito de creación. En el comienzo, A, el eterno concededor de luz, creo a Namaka O Ka Hai, el gran poder del mar. Pero vio que los mares estaba solos, entonces liberó la fuerza de Pele. Pele creo las tierras. La gente que encontró esas tierras las llamó Hawai’i, alabándolas como un lugar bendecido con alo o Aloha, que quiere decir: en presencia de A. Aloha estaba en todo. La gente, los animales, las plantas, hasta en las canoas y los remos. Otros describen Aloha de otras formas. Por ejemplo,

A es por Akahai, quiere decir bondad y se expresa con un sentimiento de ternura.
L es por Lokahi, quiere decir unidad, y se expresa con un sentimiento de armonía.
O es por Olu’olu, quiere decir concordante, y se expresa con un sentimiento de ser agradable.
H es por Ha’aha’a, quiere decir humildad, y se expresa con un sentimiento de modestia.
A es por Ahonui, quiere decir paciencia, y se expresa con un sentimiento de perseverancia.

En Hawaii, Aloha no es sólo una palabra, es una forma de vida, y jamás se debe decir sin sentirla en el corazón. Significa mutuo cuidado y respeto. Extiende calidez y cuidado sin crear ninguna obligación a cambio. Es la esencia de las relaciones en la que cada persona es importante para cada otra persona en la existencia colectiva. Aloha implica que uno escucha lo que no es dicho, ve lo que no se puede ver y sabe lo que no se puede saber. Esto es lo que distingue, por sobre todo, a la cultura hawaiiana. Recuerdo mi última mañana en Honolulu, muy temprano, cuando estaba a punto de partir. Miré por la ventana los mástiles de los veleros fondeados en la marina. Sentí algo muy intenso en el corazón, y dije en voz alta Aloha Hawai’i.

13 may 2010

Té Verde


Hay dos tipos de lugares que nos vienen a la mente cuando pensamos en un sitio tranquilo. Montañas y lagos, o playas al lado del mar. Como energía, es mejor la de las montañas y lagos. Qiu Chuji, el gran maestro taoísta que fundó la escuela Puerta de Dragón —a la que pertenecía mi maestro Liu Pai Lin— en una carta a Chinggis Khan (Genghis Khan), le dice haber observado que “la gente que vive al lado del mar carece de talento”. Seguramente se debe haber referido a talentos espirituales. Sabemos de muchos grandes yoguis y maestros espirituales de las diferentes tradiciones espirituales que han vivido en las montañas, pero de ninguno que lo haya hecho al lado del mar. Como quiera que sea, pensar en tomar té en un lugar medianamente alto en las montañas mientras contemplamos el paisaje, nos produce serenidad. Y el té, por qué no, puede ser té verde. Mucha gente tiende a abandonar el té negro considerando al verde como mejor para la salud. Lo que no es seguro que sepan, es que no provienen de plantas diferentes. Todos los tés provienen de la misma planta. La diferencia está en el proceso. Mientras que al té negro se lo fermenta, al verde no.

En lugar de fermentarlo, al té verde se lo seca con aire, o se lo fríe en una sartén para darle su sabor único. Después se lo enrolla y calienta para fijar los sabores. De los cuatro tipos de té, negro, verde, blanco, y oloong, el verde y el blanco son los que reciben menos tratamiento ¿Cuáles son los beneficios del té verde para que tanta gente se vuelque a él? Muchos. Dejando de lado los mitos, aquí hay algunos de los beneficios reales y comprobados.

Ayuda a aumentar la densidad ósea, y por lo tanto a controlar la osteoporosis, también ayuda a reducir los cálculos renales. Es un antioxidante muy poderoso, previene los ataques cardíacos y disminuye las probabilidades de contraer de ciertos tipos de cáncer. Es un antioxidante muy poderoso que fortalece el sistema inmunológico. En cuanto a los pacientes de cáncer, inhibe el desarrollo de las células cancerosas ¿Para qué tips de cáncer se han comprobado buenos resultados? Para los de vesícula, pechos, ovarios, colorectal, esófago, pulmón, pácreas, próstata, piel y estómago. También protege las células cerebrales por lo que ayuda a los pacientes de Alzheimer. También ayuda a evitar la formación de coágulos sanguíneos, con lo que se previenen aneurismas.

El té verde también es beneficioso para enfermedades de hígado, diabetes, artritis, e inflamación intestinal. Es rico en vitamina C y otros minerales esenciales. Finalmente, y no menos importante para muchos, es una ayuda valiosa para el control de peso ¡aunque el té oloong disuelve el 157 % más de grasas que el verde!

Parece que estuviéramos hablando más de una medicina que de el placer de tomar té. Pero en realidad, no tiene por qué ser o una cosa o la otra y no toda la medicina tiene que tener mal sabor. El Yi Jing (I Ching) dice que “un yin y un yang se llama Dao (Tao)”. Si pensamos en esos términos, podemos descubrir al Tao del té. Oloong o verde se preparan de la misma forma, como está explicado más abajo, en la entrada Dragón Negro. No importa adónde lo tomemos. Puede ser un departamento en la ciudad o en el jardín de una casa. También sentados sobre una roca en la montaña nevada, o mirando por la ventana de una cabaña, mirando las montañas y el lago.

12 may 2010

Como un perro


Según un proverbio de té, mejor tres días sin comida, que un día sin té. No todo el mundo estará de acuerdo. En realidad, el proverbio hace referencia a lo importante que es el té para la salud y la longevidad. Y un ayuno de tres días, correctamente hecho, en la época del año adecuada, también lo es. A decir verdad, todo lo relacionado con el té está relacionado con la salud y la longevidad. Todos queremos ser felices. Más aún. Todos tenemos el derecho innato a ser felices. La cualidad esencial de la mente es la de felicidad no condicionada por nada externo. No depende de nada, no se apega a nada, se irradia hacia todo. Pero no hay felicidad sin salud. Y el té, con todo lo allegado a él, es de gran importancia para la salud. Ya sea que lo preparemos nosotros o alguien más, la serenidad que impregna el tomar té nos llena de serenidad a nosotros. Y no hay salud sin serenidad. Los médicos —de oriente y Occidente— aseguran que lo que más levanta el colesterol no es la comida, sino el stress. Todos queremos ser felices y saludables. Y a todos nos gustaría llegar sanos y fuertes a una edad avanzada. A todos nos gustaría que nuestros seres queridos lleguen sanos y fuertes a una edad avanzada. Mucha gente sigue cuidadosamente métodos para la salud y la longevidad. tomar té, practicar yoga o taiji quan, meditar, practicar caligrafía china. Es bien sabido que los calígrafos chinos, en términos generales, son longevos. Hay muchos métodos…

No sólo hay muchos métodos. También hay gente que los sigue y, efectivamente, llega sana y fuerte a una edad muy avanzada. Los taoístas lo saben bien. Es muy común que maestros taoístas lleguen a los cien años sin dificultad. El maestro buddhista Xu Yun (Hsu Yun) era famoso por la fuerza y agilidad que tenía a los casi cien cuando, andando por las montañas, dejaba atrás a todos los jóvenes, porque estos no tenían furzas suficientes para alcanzarlo. El escritor británico John Blofeld fue uno de ellos. Algunos, no sólo llegan a los cien años, también están los que alcanzan los doscientos. No son cuentos chinos. Uno de ellos, fue Li Qingyun. Nació en el decimoséptimo año del reinado del emperador Kangxi (1678) en una aldea rural del condado Kai en Sichuan, y llegó, de acuerdo con una biografía constatada, por lo menos, a la edad de doscientos cincuenta años. De acuerdo con el biógrafo, para cuando el libro se publicó en el año 1935, el Maestro Li tenía 257 años de edad. Era aún un hombre lleno de vigor y vitalidad, y se decía que era vivaz y capaz de patear, de escalar los picos más altos del Monte Emei como un joven.

Desde pequeño se interesó por el estudio de las enseñanzas taoístas, y viajó en su búsqueda. En unos años, había cubierto todas las provincias y territorios del noroeste de China. Sus viajes lo llevaron tan lejos como Manchuria, Xinjiang, Tibet y Vietnam. Aparentemente, durante estos viajes, el Maestro Li aprendió el arte de la herboristería. Humilde y de buen corazón, Li intervenía frecuentemente en, y ponía fin a muchas disputas y peleas callejeras. Así, alcanzó la edad de cien años, pero su físico y su espíritu se veían iguales a los de un joven robusto. Insistía en que “la única forma de cultivar la vida consiste en purificar el Corazón y reducir el deseo, y en que no hay necesidad de comprometerse en refinar el elixir de oro”. En poco tiempo era seguido por unos tres o cinco discípulos.

Viajaban por varias montañas y se ganaban la vida juntando hierbas y haciendo trueque con ellas en los mercados locales. Fue en un viaje por la región central de China que el Maestro Li se encontró con un taoísta de más de quinientos años de edad, quien le transmitió un tomo de escrituras. Al retornar, el maestro Li y sus discípulos residieron en el Monte Emei en Sichuan, y practicaron el arte de abstenerse de cereales. Para entonces, Li tenía varias docenas de seguidores, todos ellos de cabellos blancos, y el más joven de ellos ¡tenía bien más de cien años de edad! Pero el Maestro Li aún se veía como un hombre en sus cuarenta o cincuenta.

Todos los viajes del maestro Li suenan como algo difícil. Tanto conocimiento adquirido parece casi inalcanzable. Mucho más complicado que prepararnos una buena taza de té. Esto hace que nos preguntemos si es necesario todo esto para tener una vida larga, feliz y saludable. No somos los únicos que nos lo preguntamos. Y como pueden imaginar, son muchos los que se lo preguntaron al maestro Li. Felizmente, el consejo para lograr el objetivo es muy simple. Lo que el maestro Li respondía era:

“Calma tu corazón para cultivar el qi (el prana). Siéntate como una tortuga, camina como una paloma, duerme como un perro”.

11 may 2010

Dragón Negro



Una vez tras otra tomamos té Oloong en la cabaña. Pero muchos no tienen idea de qué tipo de té es ¿Es verde o negro? Dragón negro… debe ser un té negro ¿no? Pero dicen que el té negro no es bueno… ¿por qué Oloong? Hoy por la mañana, un amigo me pidió que explique un poco.

Los tipos de té
El Oloong no es ni verde ni negro. Técnicamente es un té rojo. Los tés no se limitan a verde y negro. Hay muchos tipos más, y todos ellos salen exactamente de la misma planta. La diferencia está en el tratamiento que sigue a la cocecha. Estos son los principales tipos de té,

Verde
Oloong
Negro
Blanco
Pu Ehr
Ban cha

El punto importante, es que estos tés no provienen de diferentes plantas, sino de la misma, camellia sinensis, para los que gustan de los nombres científicos occidentales. Entonces… ¿cuál es la diferencia? ¿Cuáles son las propiedades del Oloong, y por que se lo tiene en tal alta estima? El proceso y la forma de prepararlo son la diferencia.

La cocecha y procesado del Oloong
El Oloong se cosecha de la misma forma (pero mucho más tarde que los otros tés): un capullo y de dos a cuatro hojas. Aún el Oloong de Primavera no se cosecha sino hasta Abril o Mayo. Se lo pone en bandejas para el secado al sol durante poco tiempo. Ahí se evapora la mayor parte del agua que tienen la hojas. Una vez secado, se pone en cestas y se las revuelve y agita, esto raspa los bordes de las hojas Es un proceso único para el Oloong, y lo que le da un sabor diferente. A los otros tés no se los pone en cestas y agita. El raspado de los bordes de las hojas es para permitir una oxidación parcial, que hace que el sabor del Oloon llegue a la superficie. Las diferencias de sabor de un Oloong a otro depende del grado de oxidación (el té negro es uno completamente oxidado), que puede ir del quince hasta el setenta y cinco por ciento. Después viene el “horneado” que detiene la oxidación: se lo pasa rápidamente por un túnel de aire caliente a muy alta temperatura. Este es el momento en el que se enrollan la hojas, y que es característico del lugar donde se lo procesa. Por ejemplo, en Anxi y en Taiwan se lo enrolla en la forma característica de bolitas, a diferencia de cómo se lo prepara en Fujian. Después se le da el proceso final, tostándolo sobre carbón para terminar de quitarle la humedad. Estos procesos están supervisados por un Maestro de Té. Puede parecer que es todo lo mismo, pero para los maestros de té no es así. El porcentaje de humedad que debe tener en los diferentes estadios del porceso es crítico. Los maestros de té no son muchos, y hacen lo indecible para no pescar un resfrío durante el tiempo del preparado. Si el maestro no está ahí ¡toda la cosecha se pierde!

Propiedades del Oloong
En los últimos años el Oloong se empezó a volver bastante conocido en Occidente, debido a lo útil que es para combatir la obesidad. Esto es cierto, la gran capacidad para disolver las grasas. Hay muchos mitos acerca de las propiedades del Oloong, pero algunas de las cosas comprobadas muy conocidas son,

fortalece el sistema inmunológico
tiene propiedades antivirales y antibacteriales

también se sabe que ayuda a aliviar:

diabetes
eczema
alergias

otras menos conocidas:

reducción del colesterol en el torrente sanguíneo
reducción de problemas del corazón
ayuda a los desórdenes digestivos
ayuda a mantener los dientes
ayuda a mantener huesos sanos

Como prepara un buen Oloong
El agua
Más que importante es el agua de buena calidad. Por favor, olviden al agua de la canilla si viven en una ciudad. Si tienen agua de pozo y no es dura, puede servir. Dicen que la mejor agua para preparar un buen té es derretir la nieve de la montaña. Confieso que cuando voy a la montaña, aunque sea para un treckig de un día, llevo conmigo un calentador, un jarrito de inoxidable y una taza ¿Qué mejor que detenerse un rato, poner nieve en el jarrito, preparar un buen Oloong y beberlo mientras se mira el paisaje nevado? Segundo después del agua de nieve derretida es la de una vertiente de montaña. Aunque sea para preparar un buen té, compren una botella de auténtica agua de montaña, que provenga de una vertiente que esté a más de mil metros de altura.

Los utensilios y el primer té
Si no pueden conseguir una teterita Yixing, entonces lo mejor es una taza que tenga tapa. El interior de la taza tiene que ser blanco. Si el interior no es blanco, no se puede ver el color del té. Acerca de la teteritas Yixing vamos a hablar en otro momento, por ahora veamos cómo prepararlo en la taza, que es más fácil de conseguir. Antes de preparar el té hay que calentar la taza. Verter adentro agua hirviendo y después vaciarla. También se puede dejar al agua caliente dentro de la taza hasta el momento de poner el té. El agua al fuego preferiblemente en un jarrito, no en una pava. La razón para esto es que hay que ver la superficie del agua para controlar la temperatura, que es crítica. Las mismas hojas se preparan varias veces, como cuando se ceba mate. Una vez al fuego, el agua pasa por diferentes estadios. Al calentarse, primero suena como una brisa suave, y se vuelve algo turbia, como las nieblas de la mañana. Después, sobre la superficie aparecen burbujas muy pequeñas, como la cabeza de un alfiler. En el siguiente estadio, las burbujas son más grandes, como los ojos de un pez. Éste es el momento. Aquí apagamos el fuego y vertemos en el jarro una cucharadita de agua fresca, para “fijar” la temperatura del agua. Es el agua para el “primer té”. Ponemos en la taza (de las que tienen tapa) una cucharadita de Oloong, vertemos el agua en la taza y la tapamos. El primer té está listo en menos de un minuto. Si se lo deja mucho más, se vuelve demasiado fuerte.

El segundo y tercer té
Para el segundo té, dejamos que el agua llegue el punto de las burbujas del tamaño de los ojos de un pez… de un pez grande ¡olviden los cornalitos para esto! Y para el tercer té… las burbujas tienen que ser como las olas del océano. El primer té se deja asentar algo menos de un minuto. El segundo té algo más de un minuto, y el tercero, bastante más de un minuto.

¿Té en hebras o en saquitos?
Si quieren disfrutar del té… olviden los saquitos. En primer lugar, es té de calidad muy inferior. No es más barato, y no lleva menos tiempo hacerlo. El tiempo de asentarse del té no varía, y además, como el té en saquitos es de calidad muy inferior posiblemente lleve aún más tiempo asentarse. Finalmente, al agua hay que calentarla con fuego, no con algún calentador eléctrico, Su Dongpo, el poeta, calígrafo y genio de la dinastía Song escribió,

El agua viviente debe ser cocida
Con fuego viviente.
Voy al lugar donde solía pescar,
Extraigo yo mismo la pureza de la laguna.
Guardo una vasija de calabaza en la despensa,
La luna está guardada en un jarro.
Corto el río con un cucharón,
El río está guardado en un porrón.

La leche nevada se eleva
Desde el fondo, donde fue hervida.
Repentinamente se oye el viento,
Vertiéndose en el bosque de pinos.
Es difícil evitar que mi lengua seca
Vacíe tres tazas llenas.
Sentado ociosamente, escucho las guardias
Sonando en la ciudad desierta.

¡A disfrutar de un buen Oloong!

10 may 2010

Rocas y Pinos


Todos sabemos que la vida en la ciudad es agotadora. Lo que hacemos es buscar la forma de mitigar lo agotadora que es. Escuchamos buena música, leemos buenos libros, miramos buenas películas. Nos involucramos en actividades culturales que nutran al espíritu. Nos reunimos con los amigos en la casa de té. Allí compartimos poesías, historias, leyendas… y tomamos té. Tomar té no consiste en simplemente beberlo. Cuando vamos a beber té nos desentendemos de todas las preocupaciones mundanas. Podría considerarse una forma de meditar sin meditar, una forma muy especial de meditación.

Una vez desentendidos de las preocupaciones mundanas, la atención se vuelca hacia el té y su preparación. Se calientan la tetera y las tazas con agua hirviendo. Después se pone un poco de té en un platito, y se sacan los pedazos de ramitas que pueda haber entre las hojas. Las ramitas le quitan buen sabor. Entonces se pone el agua —preferiblemente de montaña— al fuego. El agua es la clave. No sólo para preparar al té. Es clave para prepararnos a nosotros mismos. Preparar al té es prepararnos a nosotros. El vacío de la taza y la tetera es el vacío de nuestra mente. El fuego que calienta al agua es la calidez de nuestro corazón. Nosotros fluimos como el agua. La llevamos a la temperatura justa para hacer un buen té. Nos concentramos en el sonido del agua sobre el fuego. Charlamos, pero sobre la base de la atención en el agua.

Primero sólo se oye el sonido del fuego bajo la olla. Al calentarse, el agua suena como una suave brisa. Cuando está cerca de hervir, recuerda al viento entre los pinos. Ese es un momento supremo, en el que todos hacemos silencio para escuchar. Silencio en las palabras y silencio en la mente. Nuestros cuerpos físicos están en sentados a la mesa. Nuestros espíritus vuelan a bosques de pinos. Rocas pequeñas nos sirven de asientos, y contemplamos los grandes peñascos macizos mientras escuchamos la música del viento. Allí, el cuerpo se relaja, la mente se serena y el espíritu se nutre. Según los sabios, el secreto de la salud y la longevidad consiste en unir la esencia vital, el aliento y el espíritu. El agua está al punto justo, preparamos el té. Sentimos su aroma y después bebemos una taza tras otra. Olvidados del lugar, estamos listos para volver al mundo, sin apego al mundo. Contemplamos al mundo desde las rocas y los pinos.

8 may 2010

Crisantemos


No hablaron una palabra
El visitante, el anfitrión
Y el crisantemo blanco

No es necesario decir que éste es un haiku de otoño. Hablar de crisantemos es hablar de otoño. En la pintura de Asia Oriental —China, Japón, Corea, Nam— es uno de los Cuatro Caballeros. Orquídea para la primavera, bambú para el verano, crisantemo para el otoño y ciruelo para el invierno. Cada uno de los cuatro se vincula a principios filosóficos. El otoño se asocia a haber pasado los cincuenta o sesenta años de edad. El crisantemo, entonces, tiene un simbolismo interesante: es la flor del otoño.

En el Occidente moderno, se considera que haber pasado los sesenta años, es ser un viejo ya no apto para producir algo de valor. En Oriente es lo opuesto. Hace años, estaba tomando té en su casa, con un caballero taoísta, uno de los médicos más importantes de Taiwan. La charla, derivó al tema de la medicina. Me dijo: “en China la medicina, además de una ciencia, se considera un arte. Y se estima que nadie tiene buen nivel en el arte antes de cumplir los sesenta años de edad. Yo ya pasé los sesenta, pero todavía no logré buen nivel en el arte”. Por supuesto, se trataba de humildad taoísta, porque tenía un nivel muy alto. Hasta mi maestro taoísta levantó las cejas y sonrió de felicidad cuando supo de él.

El significado del crisantemo es justamente éste. El otoño de la vida no es el tiempo del decaimiento. Puede ser así. Pero también puede ser el la etapa de dar flores maravillosas como los crisantemos. Pasamos los años de la juventud estudiando y capacitándonos. Después nos dedicamos al trabajo… y como jóvenes inexpertos, necesitamos aprender de los que nos anteceden. Un redactor que recién se incicia estará pidiendo consejos, cometiendo errores y enmendándolos día tras día. Un arquitecto novato necesita el asesoramiento de sus mayores en todas las obras, sin mencionar la experiencia del maestro mayor. Un médico recién salido de la facultad… puede ser presuntuoso, o pedir consejos a los expertos. Como dice el proverbio: “lo que los jóvenes anduvieron caminando rutas, los mayores lo hicieron cruzando puentes”.

Un cuento dice que cuando el Creador hizo al perro le ofreció veinte años de vida, y que estuviera sentado en el porch de la casa ladrándole a le gente que pasara. El perro dijo que veinte años así era mucho, pidió sólo diez y Creador accedió. Después creó al mono, le dijo que entretuviera e hiciera reír a la gente haciendo todo tipo de trucos, y que viviría veinte años. Igual que el perro, el mono devolvió diez. Creador accedió. Después creó a la vaca. Le dijo que tendría que pasar todo el día trabajando al sol con el granjero y producir la leche para mantener a la familia, y tendría una vida de sesenta años. La vaca dijo que sesenta era mucho, y devolvió cuarenta. Creador accedió. Después creó al hombre. Le dijo que comiera, durmiera, jugara, se casara, disfrutara de su vida, y le concedió para esto veinte años. Al hombre la pareció que veinte años era muy poco. Entonces le preguntó a creador si podía tener los diez años que había devuelto el perro, los diez que había devuelto el mono y los treinta que había devuelto la vaca. Creador accedió. Según este cuento, es por eso que nuestros primeros veinte años comemos, dormimos, jugamos y la pasamos bien. Entonces los siguientes cuarenta trabajamos como esclavos para mantener a nuestra familia. Los próximos diez años hacemos trucos como los monos para entretener a nuestros nietos. Y finalmente, pasamos los siguientes diez sentados en el porch de nuestra casa ladrándole a todos los que pasan.

Esta es una explicación de la vida. Tenemos también la alternativa de ser como el crisantemo, el caballero de otoño, y cuando pasamos los sesenta años de edad, dar flores maravillosas. En Asia oriental, se hace vino de crisantemos, y se acostumbra a tomarlo en la celebración del comienzo del otoño. En la del comienzo, no para el equinoccio de la mitad del otoño. Hasta entonces, en nuestra vida, hemos adquirido conocimiento y experiencia. Es de esperar que hayamos leído diez mil libros y andado diez mil millas. Sea cual fuera la actividad que hubiéramos desarrollado, recién entonces habremos logrado un nivel realmente alto. También hasta entonces, tenemos que haber decidido cómo vamos a vivir después de los sesenta. Tenemos que decidir si vamos a ser como un perro… o un crisantemo.

7 may 2010

Dos Tazas


Las hojas de otoño caen como lluvia.
Aunque mis vecinos son todos bárbaros,
Y estás lejos a mil millas,
Siempre hay dos tazas sobre mi mesa.
Poema anónimo de la dinastía Tang

— “¿Por qué pasás frío?” me preguntó un amigo esta mañana, “¿es parte de la práctica?”

— “La idea no era pasar frío”, le respondí, “pero una vez que estuve en el lugar, esa era la situación. Y en realidad, si, también es parte de la práctica taoísta vencer al frío, generando calor interno. Mi maestro era un buen ejemplo de eso ¿Para qué recibí enseñanzas si después no las pongo en práctica? Combatí el frío primero con Qigong. Después con té, con el buen Oloong. Y no hubo más frío. Solamente disfrutar del lugar, y hacer un buen entrenamiento”.

Hay muchos entrenamientos. En el caso de los entrenamientos taoístas, son tantos que ocupan una biblioteca entera, y muy grande. Pero básicamente, están los internos y los externos. Taiji quan, Qigong, Bagua quan, Xinyi quan… son entrenamientos externos. Neigong, las meditaciones son internos. Pero en realidad… adentro y afuera, son las dos caras de la medalla. Lo que siempre se entrena es la mente, el corazón. Para todas las culturas tradicionales, la palabra para mente, en realidad, es corazón.

Tomar té es una froma de entrenar la mente. No importa si lo preparamos nosotros o alguien más. La tetera y las tazas primero fueron lavadas, y se las deja secar solas, no se usa ningún paño para secarlas. Para preparar el té, la tetera tiene que estar vacía. Parece una perogrullada, pero es así. Para servir el té, las tazas también tienen que estar vacías. No se puede servir té en una taza llena. Con nuestra mente es igual. Cuando vamos a tomar té, primero vaciamos la mente, igual que la tetera y las tazas. No se puede apreciar el aroma del té con una mente llena. No se puede escuchar el sonido del agua en la holla con la mente llena. No se puede apreciar el sabor del té con una mente llena. No se puede apreciar la charla con los amigos con una mente llena. No se puede apreciar la vida con la mente llena. Con la mente vacía, escuchamos el sonido del agua en la olla, y nos recuerda al del viento en los pinos. El aroma del té… nos trae recuerdos de tantos bosques, jardines, y de las cuatro estaciones. El sabor del té… nos transporta al mundo de las hadas y los inmortales…

Igual que tomar té, la vida es un arte. El arte de vivir necesita, como todo arte, que sepamos vaciar nuestro corazón-mente. Cuando hay espacio suficiente en el corazón, hay espacio suficiente para muchos amigos en el corazón. Podemos vivir la vida como merece ser vivida. Y, así, siempre tenemos dos tazas sobre nuestra mesa.

6 may 2010

Naturalmente Imprescindible


Juanca miró la teterita, Tommy miró a Juanca.

— Es una teterita Yixing… ¿qué otra cosa esperabas en una casa de té como esta?

— Realmente, Tommy, es verdad, tendría que haber venido antes. Voy a estar más frecuentemente por aquí. No hay como parar con todas las actividades por un rato, y concentrarse en un buen té preparado en una buena tetera. Ya te conté lo mío… ¿qué hay de tu vida últimamente?

— “¡Buen té, por supuesto!” los dos amigos rieron en vos alta.

— Bueno… no sólo té. Estuve unas cuantas veces en una choza frente al océano, en un lugar poco habitado.

— ¿Un retiro?

— Si. Tenía que preparar unas actividades, y decidí hacer un retiro antes, para prepararlas bien. Fui a ese lugar. Casi no hay casas, solamente un bosquecito de pinos, médanos con siempreverdes y tamarindos, y el océano. Sin agua corriente ni gas en la choza. El baño afuera, a ochenta metros.

— ¡Casi una cueva!

— Casi. Esa fue la idea. El clima todavía era frío por las mañanas y las noches. Tuve que calentarme más adentro que lo que se puede calentar el lugar. Té, agua caliente y Qigong. Pero sólo temprano por las mañanas, y por la noche.

— ¿Qué tenías con vos?

— No mucho. Un par de libros, algunos sutras taoístas, cuaderno, pluma fuente y lápiz. Un equipo básico para cocinar y comer: calentador, olla, bowls, cuchara y palitos. También un teléfono móvil, que casi no usé.

— Prácticamente solo en la naturaleza. Nada de las comodidades de la vida urbana, ni siquiera las de una casa de campo. Pero ¿no la pasaste mal así?

— En la naturaleza, casi nada controlado por el hombre. Casi nada artificial, sólo lo artificial necesario para disfrutar de lo natural. Este es el punto importante. Hacía mucho tiempo que no la pasaba tan bien. Estando ahí, me di cuenta de todas las cosas innecesarias que tenemos. Buscamos la felicidad en un montón de objetos, en un montón de actividades que en realidad, nos traen más angustia y stress que la felicidad que decimos buscar. Mucha gente trabaja como loco para ganar un montón de plata, pierde su salud por eso, y después gasta la plata que ganó para recuperar su salud. Se esfuerzan hasta el cansancio para comprar tal o cual auto, tal o cual reloj, tal o cual ropa. Se angustian y estresan para conseguir eso. Y una vez que lo tienen… ¿qué hay de esa felicidad? ¿Cuánto dura?

— No mucho tiempo. Hasta el auto pasa de moda, la ropa también. La casa cara cuesta mucho mantenerla.

— Y todo eso, que debió haber traído felicidad, termina trayendo sufrimiento. Sin mencionar a los que buscan fama y poder.

— Que les traen inmensos sufrimientos.

— Exacto. Pero ahí en la choza, Juanca, sin otra música que la del océano, el viento entre los pinos y el canto de los pájaros, la serenidad no tiene límites. Y no hay felicidad sin serenidad. La serenidad misma ya es felicidad. No te estoy diciendo que no haya que tener comodidades. Pero no hay que dejarse llevar por la búsqueda de cosas que en realidad no necesitamos, y por eso, dejar de lado lo que es realmente imprescindible. Te aseguro que sentado a la mesa rústica, mirar el paisaje por la ventana de la choza de adobe, aún en un día nublado o lluvioso, es más satisfactorio que la televisión. Por las noches, en el lugar sin luces de mercurio, se ven tantas estrellas en el cielo como jamás imaginaste que pueda haber. Si hay tormenta, el sonido del viento y la lluvia hacen una música difícilmente igualable. Sin mencionar los colores de los amaneceres y las puestas de sol. El cielo y los médanos toman colores que nunca se pueden fotografiar haciéndoles suficiente honor. Todo eso, junto con la serenidad, provoca una inmensa expansión del espíritu… algo que el dinero no puede comprar.

— Es muy poético, pero ¿podés estar ahí para siempre?

— Por ahora no. Pero es bueno ir a lugares así con regularidad. Es una ayuda valiosa para no dejarnos atrapar por la locura de la vida moderna. Cuando volvemos, todo se ve de manera diferente. Los problemas parecen más pequeños, y descubrimos la felicidad en cosas que comunmente no apreciamos. Eso es la expansión del espíritu. Y cuando llega el día en que uno se retira… hay que pensar muy bien en eso. Para entonces se puede hacer un cambio de vida muy significativo. Y aún antes, es bueno tener muy claro cómo y en qué buscamos la felicidad.

— Como por ejemplo, en este preciso momento, la inmensa e incomparable felicidad poder tomar este buen té Oloong, preparado en una teterita Yixing junto a un buen amigo.

— ¡Y mirar el paisaje por la ventana!