14 may 2010

Aloha


Recién llegado a Honolulu, aprendí dos palabras en hawaiiano: Aloha y mahalo. Mahalo quiere decir gracias. Pero Aloha… no me quedaba claro. Por lo menos descubrí que no quiere decir ni hola ni adiós. Por todas partes veía, leía, oía hablar, de la importancia de vivir constantemente el Espíritu de Aloha. Mientras tanto, algo me maravillaba cada vez más en Hawaii. La gente y el espíritu del lugar. La increíble amabilidad, la serenidad, el amor con lo que se hace todo, y simultáneamente la actitud de no estar haciendo nada especial. Cada acto hecho con la misma naturalidad con la que las palmeras dan una sombra refrescante en el calor del mediodía. Fuera adónde fuera, a comprar comida, a comprar un fierrito eléctrico con el que calentarme agua para hacer té en el hotel, a comer a algún lado. Constantemente la sonrisa auténtica, el afecto alegre, la serenidad. Todo eso provoca la sensación de que el corazón se expande. Como al mirar el sol poniéndose en el Pacífico, cuando hace que el cielo se vuelva rojo profundo y azul intenso, contemplado por todos desde Ala Moana. Siempre era guiado con tanto cuidado, con tanto afecto, por quienes no me conocían, y sin duda, les importaba sinceramente que estuviera bien y consiguiera lo que necesitaba. Mientras tanto, me seguía preguntando ¿qué es Aloha? ¿qué es el espíritu de Aloha? Entonces averigüé un poco. Sólo un poco, de la muy profunda tradición hawaiiana.

Algunos lo narran en forma de leyenda, en forma de mito de creación. En el comienzo, A, el eterno concededor de luz, creo a Namaka O Ka Hai, el gran poder del mar. Pero vio que los mares estaba solos, entonces liberó la fuerza de Pele. Pele creo las tierras. La gente que encontró esas tierras las llamó Hawai’i, alabándolas como un lugar bendecido con alo o Aloha, que quiere decir: en presencia de A. Aloha estaba en todo. La gente, los animales, las plantas, hasta en las canoas y los remos. Otros describen Aloha de otras formas. Por ejemplo,

A es por Akahai, quiere decir bondad y se expresa con un sentimiento de ternura.
L es por Lokahi, quiere decir unidad, y se expresa con un sentimiento de armonía.
O es por Olu’olu, quiere decir concordante, y se expresa con un sentimiento de ser agradable.
H es por Ha’aha’a, quiere decir humildad, y se expresa con un sentimiento de modestia.
A es por Ahonui, quiere decir paciencia, y se expresa con un sentimiento de perseverancia.

En Hawaii, Aloha no es sólo una palabra, es una forma de vida, y jamás se debe decir sin sentirla en el corazón. Significa mutuo cuidado y respeto. Extiende calidez y cuidado sin crear ninguna obligación a cambio. Es la esencia de las relaciones en la que cada persona es importante para cada otra persona en la existencia colectiva. Aloha implica que uno escucha lo que no es dicho, ve lo que no se puede ver y sabe lo que no se puede saber. Esto es lo que distingue, por sobre todo, a la cultura hawaiiana. Recuerdo mi última mañana en Honolulu, muy temprano, cuando estaba a punto de partir. Miré por la ventana los mástiles de los veleros fondeados en la marina. Sentí algo muy intenso en el corazón, y dije en voz alta Aloha Hawai’i.

13 may 2010

Té Verde


Hay dos tipos de lugares que nos vienen a la mente cuando pensamos en un sitio tranquilo. Montañas y lagos, o playas al lado del mar. Como energía, es mejor la de las montañas y lagos. Qiu Chuji, el gran maestro taoísta que fundó la escuela Puerta de Dragón —a la que pertenecía mi maestro Liu Pai Lin— en una carta a Chinggis Khan (Genghis Khan), le dice haber observado que “la gente que vive al lado del mar carece de talento”. Seguramente se debe haber referido a talentos espirituales. Sabemos de muchos grandes yoguis y maestros espirituales de las diferentes tradiciones espirituales que han vivido en las montañas, pero de ninguno que lo haya hecho al lado del mar. Como quiera que sea, pensar en tomar té en un lugar medianamente alto en las montañas mientras contemplamos el paisaje, nos produce serenidad. Y el té, por qué no, puede ser té verde. Mucha gente tiende a abandonar el té negro considerando al verde como mejor para la salud. Lo que no es seguro que sepan, es que no provienen de plantas diferentes. Todos los tés provienen de la misma planta. La diferencia está en el proceso. Mientras que al té negro se lo fermenta, al verde no.

En lugar de fermentarlo, al té verde se lo seca con aire, o se lo fríe en una sartén para darle su sabor único. Después se lo enrolla y calienta para fijar los sabores. De los cuatro tipos de té, negro, verde, blanco, y oloong, el verde y el blanco son los que reciben menos tratamiento ¿Cuáles son los beneficios del té verde para que tanta gente se vuelque a él? Muchos. Dejando de lado los mitos, aquí hay algunos de los beneficios reales y comprobados.

Ayuda a aumentar la densidad ósea, y por lo tanto a controlar la osteoporosis, también ayuda a reducir los cálculos renales. Es un antioxidante muy poderoso, previene los ataques cardíacos y disminuye las probabilidades de contraer de ciertos tipos de cáncer. Es un antioxidante muy poderoso que fortalece el sistema inmunológico. En cuanto a los pacientes de cáncer, inhibe el desarrollo de las células cancerosas ¿Para qué tips de cáncer se han comprobado buenos resultados? Para los de vesícula, pechos, ovarios, colorectal, esófago, pulmón, pácreas, próstata, piel y estómago. También protege las células cerebrales por lo que ayuda a los pacientes de Alzheimer. También ayuda a evitar la formación de coágulos sanguíneos, con lo que se previenen aneurismas.

El té verde también es beneficioso para enfermedades de hígado, diabetes, artritis, e inflamación intestinal. Es rico en vitamina C y otros minerales esenciales. Finalmente, y no menos importante para muchos, es una ayuda valiosa para el control de peso ¡aunque el té oloong disuelve el 157 % más de grasas que el verde!

Parece que estuviéramos hablando más de una medicina que de el placer de tomar té. Pero en realidad, no tiene por qué ser o una cosa o la otra y no toda la medicina tiene que tener mal sabor. El Yi Jing (I Ching) dice que “un yin y un yang se llama Dao (Tao)”. Si pensamos en esos términos, podemos descubrir al Tao del té. Oloong o verde se preparan de la misma forma, como está explicado más abajo, en la entrada Dragón Negro. No importa adónde lo tomemos. Puede ser un departamento en la ciudad o en el jardín de una casa. También sentados sobre una roca en la montaña nevada, o mirando por la ventana de una cabaña, mirando las montañas y el lago.

12 may 2010

Como un perro


Según un proverbio de té, mejor tres días sin comida, que un día sin té. No todo el mundo estará de acuerdo. En realidad, el proverbio hace referencia a lo importante que es el té para la salud y la longevidad. Y un ayuno de tres días, correctamente hecho, en la época del año adecuada, también lo es. A decir verdad, todo lo relacionado con el té está relacionado con la salud y la longevidad. Todos queremos ser felices. Más aún. Todos tenemos el derecho innato a ser felices. La cualidad esencial de la mente es la de felicidad no condicionada por nada externo. No depende de nada, no se apega a nada, se irradia hacia todo. Pero no hay felicidad sin salud. Y el té, con todo lo allegado a él, es de gran importancia para la salud. Ya sea que lo preparemos nosotros o alguien más, la serenidad que impregna el tomar té nos llena de serenidad a nosotros. Y no hay salud sin serenidad. Los médicos —de oriente y Occidente— aseguran que lo que más levanta el colesterol no es la comida, sino el stress. Todos queremos ser felices y saludables. Y a todos nos gustaría llegar sanos y fuertes a una edad avanzada. A todos nos gustaría que nuestros seres queridos lleguen sanos y fuertes a una edad avanzada. Mucha gente sigue cuidadosamente métodos para la salud y la longevidad. tomar té, practicar yoga o taiji quan, meditar, practicar caligrafía china. Es bien sabido que los calígrafos chinos, en términos generales, son longevos. Hay muchos métodos…

No sólo hay muchos métodos. También hay gente que los sigue y, efectivamente, llega sana y fuerte a una edad muy avanzada. Los taoístas lo saben bien. Es muy común que maestros taoístas lleguen a los cien años sin dificultad. El maestro buddhista Xu Yun (Hsu Yun) era famoso por la fuerza y agilidad que tenía a los casi cien cuando, andando por las montañas, dejaba atrás a todos los jóvenes, porque estos no tenían furzas suficientes para alcanzarlo. El escritor británico John Blofeld fue uno de ellos. Algunos, no sólo llegan a los cien años, también están los que alcanzan los doscientos. No son cuentos chinos. Uno de ellos, fue Li Qingyun. Nació en el decimoséptimo año del reinado del emperador Kangxi (1678) en una aldea rural del condado Kai en Sichuan, y llegó, de acuerdo con una biografía constatada, por lo menos, a la edad de doscientos cincuenta años. De acuerdo con el biógrafo, para cuando el libro se publicó en el año 1935, el Maestro Li tenía 257 años de edad. Era aún un hombre lleno de vigor y vitalidad, y se decía que era vivaz y capaz de patear, de escalar los picos más altos del Monte Emei como un joven.

Desde pequeño se interesó por el estudio de las enseñanzas taoístas, y viajó en su búsqueda. En unos años, había cubierto todas las provincias y territorios del noroeste de China. Sus viajes lo llevaron tan lejos como Manchuria, Xinjiang, Tibet y Vietnam. Aparentemente, durante estos viajes, el Maestro Li aprendió el arte de la herboristería. Humilde y de buen corazón, Li intervenía frecuentemente en, y ponía fin a muchas disputas y peleas callejeras. Así, alcanzó la edad de cien años, pero su físico y su espíritu se veían iguales a los de un joven robusto. Insistía en que “la única forma de cultivar la vida consiste en purificar el Corazón y reducir el deseo, y en que no hay necesidad de comprometerse en refinar el elixir de oro”. En poco tiempo era seguido por unos tres o cinco discípulos.

Viajaban por varias montañas y se ganaban la vida juntando hierbas y haciendo trueque con ellas en los mercados locales. Fue en un viaje por la región central de China que el Maestro Li se encontró con un taoísta de más de quinientos años de edad, quien le transmitió un tomo de escrituras. Al retornar, el maestro Li y sus discípulos residieron en el Monte Emei en Sichuan, y practicaron el arte de abstenerse de cereales. Para entonces, Li tenía varias docenas de seguidores, todos ellos de cabellos blancos, y el más joven de ellos ¡tenía bien más de cien años de edad! Pero el Maestro Li aún se veía como un hombre en sus cuarenta o cincuenta.

Todos los viajes del maestro Li suenan como algo difícil. Tanto conocimiento adquirido parece casi inalcanzable. Mucho más complicado que prepararnos una buena taza de té. Esto hace que nos preguntemos si es necesario todo esto para tener una vida larga, feliz y saludable. No somos los únicos que nos lo preguntamos. Y como pueden imaginar, son muchos los que se lo preguntaron al maestro Li. Felizmente, el consejo para lograr el objetivo es muy simple. Lo que el maestro Li respondía era:

“Calma tu corazón para cultivar el qi (el prana). Siéntate como una tortuga, camina como una paloma, duerme como un perro”.

11 may 2010

Dragón Negro



Una vez tras otra tomamos té Oloong en la cabaña. Pero muchos no tienen idea de qué tipo de té es ¿Es verde o negro? Dragón negro… debe ser un té negro ¿no? Pero dicen que el té negro no es bueno… ¿por qué Oloong? Hoy por la mañana, un amigo me pidió que explique un poco.

Los tipos de té
El Oloong no es ni verde ni negro. Técnicamente es un té rojo. Los tés no se limitan a verde y negro. Hay muchos tipos más, y todos ellos salen exactamente de la misma planta. La diferencia está en el tratamiento que sigue a la cocecha. Estos son los principales tipos de té,

Verde
Oloong
Negro
Blanco
Pu Ehr
Ban cha

El punto importante, es que estos tés no provienen de diferentes plantas, sino de la misma, camellia sinensis, para los que gustan de los nombres científicos occidentales. Entonces… ¿cuál es la diferencia? ¿Cuáles son las propiedades del Oloong, y por que se lo tiene en tal alta estima? El proceso y la forma de prepararlo son la diferencia.

La cocecha y procesado del Oloong
El Oloong se cosecha de la misma forma (pero mucho más tarde que los otros tés): un capullo y de dos a cuatro hojas. Aún el Oloong de Primavera no se cosecha sino hasta Abril o Mayo. Se lo pone en bandejas para el secado al sol durante poco tiempo. Ahí se evapora la mayor parte del agua que tienen la hojas. Una vez secado, se pone en cestas y se las revuelve y agita, esto raspa los bordes de las hojas Es un proceso único para el Oloong, y lo que le da un sabor diferente. A los otros tés no se los pone en cestas y agita. El raspado de los bordes de las hojas es para permitir una oxidación parcial, que hace que el sabor del Oloon llegue a la superficie. Las diferencias de sabor de un Oloong a otro depende del grado de oxidación (el té negro es uno completamente oxidado), que puede ir del quince hasta el setenta y cinco por ciento. Después viene el “horneado” que detiene la oxidación: se lo pasa rápidamente por un túnel de aire caliente a muy alta temperatura. Este es el momento en el que se enrollan la hojas, y que es característico del lugar donde se lo procesa. Por ejemplo, en Anxi y en Taiwan se lo enrolla en la forma característica de bolitas, a diferencia de cómo se lo prepara en Fujian. Después se le da el proceso final, tostándolo sobre carbón para terminar de quitarle la humedad. Estos procesos están supervisados por un Maestro de Té. Puede parecer que es todo lo mismo, pero para los maestros de té no es así. El porcentaje de humedad que debe tener en los diferentes estadios del porceso es crítico. Los maestros de té no son muchos, y hacen lo indecible para no pescar un resfrío durante el tiempo del preparado. Si el maestro no está ahí ¡toda la cosecha se pierde!

Propiedades del Oloong
En los últimos años el Oloong se empezó a volver bastante conocido en Occidente, debido a lo útil que es para combatir la obesidad. Esto es cierto, la gran capacidad para disolver las grasas. Hay muchos mitos acerca de las propiedades del Oloong, pero algunas de las cosas comprobadas muy conocidas son,

fortalece el sistema inmunológico
tiene propiedades antivirales y antibacteriales

también se sabe que ayuda a aliviar:

diabetes
eczema
alergias

otras menos conocidas:

reducción del colesterol en el torrente sanguíneo
reducción de problemas del corazón
ayuda a los desórdenes digestivos
ayuda a mantener los dientes
ayuda a mantener huesos sanos

Como prepara un buen Oloong
El agua
Más que importante es el agua de buena calidad. Por favor, olviden al agua de la canilla si viven en una ciudad. Si tienen agua de pozo y no es dura, puede servir. Dicen que la mejor agua para preparar un buen té es derretir la nieve de la montaña. Confieso que cuando voy a la montaña, aunque sea para un treckig de un día, llevo conmigo un calentador, un jarrito de inoxidable y una taza ¿Qué mejor que detenerse un rato, poner nieve en el jarrito, preparar un buen Oloong y beberlo mientras se mira el paisaje nevado? Segundo después del agua de nieve derretida es la de una vertiente de montaña. Aunque sea para preparar un buen té, compren una botella de auténtica agua de montaña, que provenga de una vertiente que esté a más de mil metros de altura.

Los utensilios y el primer té
Si no pueden conseguir una teterita Yixing, entonces lo mejor es una taza que tenga tapa. El interior de la taza tiene que ser blanco. Si el interior no es blanco, no se puede ver el color del té. Acerca de la teteritas Yixing vamos a hablar en otro momento, por ahora veamos cómo prepararlo en la taza, que es más fácil de conseguir. Antes de preparar el té hay que calentar la taza. Verter adentro agua hirviendo y después vaciarla. También se puede dejar al agua caliente dentro de la taza hasta el momento de poner el té. El agua al fuego preferiblemente en un jarrito, no en una pava. La razón para esto es que hay que ver la superficie del agua para controlar la temperatura, que es crítica. Las mismas hojas se preparan varias veces, como cuando se ceba mate. Una vez al fuego, el agua pasa por diferentes estadios. Al calentarse, primero suena como una brisa suave, y se vuelve algo turbia, como las nieblas de la mañana. Después, sobre la superficie aparecen burbujas muy pequeñas, como la cabeza de un alfiler. En el siguiente estadio, las burbujas son más grandes, como los ojos de un pez. Éste es el momento. Aquí apagamos el fuego y vertemos en el jarro una cucharadita de agua fresca, para “fijar” la temperatura del agua. Es el agua para el “primer té”. Ponemos en la taza (de las que tienen tapa) una cucharadita de Oloong, vertemos el agua en la taza y la tapamos. El primer té está listo en menos de un minuto. Si se lo deja mucho más, se vuelve demasiado fuerte.

El segundo y tercer té
Para el segundo té, dejamos que el agua llegue el punto de las burbujas del tamaño de los ojos de un pez… de un pez grande ¡olviden los cornalitos para esto! Y para el tercer té… las burbujas tienen que ser como las olas del océano. El primer té se deja asentar algo menos de un minuto. El segundo té algo más de un minuto, y el tercero, bastante más de un minuto.

¿Té en hebras o en saquitos?
Si quieren disfrutar del té… olviden los saquitos. En primer lugar, es té de calidad muy inferior. No es más barato, y no lleva menos tiempo hacerlo. El tiempo de asentarse del té no varía, y además, como el té en saquitos es de calidad muy inferior posiblemente lleve aún más tiempo asentarse. Finalmente, al agua hay que calentarla con fuego, no con algún calentador eléctrico, Su Dongpo, el poeta, calígrafo y genio de la dinastía Song escribió,

El agua viviente debe ser cocida
Con fuego viviente.
Voy al lugar donde solía pescar,
Extraigo yo mismo la pureza de la laguna.
Guardo una vasija de calabaza en la despensa,
La luna está guardada en un jarro.
Corto el río con un cucharón,
El río está guardado en un porrón.

La leche nevada se eleva
Desde el fondo, donde fue hervida.
Repentinamente se oye el viento,
Vertiéndose en el bosque de pinos.
Es difícil evitar que mi lengua seca
Vacíe tres tazas llenas.
Sentado ociosamente, escucho las guardias
Sonando en la ciudad desierta.

¡A disfrutar de un buen Oloong!

10 may 2010

Rocas y Pinos


Todos sabemos que la vida en la ciudad es agotadora. Lo que hacemos es buscar la forma de mitigar lo agotadora que es. Escuchamos buena música, leemos buenos libros, miramos buenas películas. Nos involucramos en actividades culturales que nutran al espíritu. Nos reunimos con los amigos en la casa de té. Allí compartimos poesías, historias, leyendas… y tomamos té. Tomar té no consiste en simplemente beberlo. Cuando vamos a beber té nos desentendemos de todas las preocupaciones mundanas. Podría considerarse una forma de meditar sin meditar, una forma muy especial de meditación.

Una vez desentendidos de las preocupaciones mundanas, la atención se vuelca hacia el té y su preparación. Se calientan la tetera y las tazas con agua hirviendo. Después se pone un poco de té en un platito, y se sacan los pedazos de ramitas que pueda haber entre las hojas. Las ramitas le quitan buen sabor. Entonces se pone el agua —preferiblemente de montaña— al fuego. El agua es la clave. No sólo para preparar al té. Es clave para prepararnos a nosotros mismos. Preparar al té es prepararnos a nosotros. El vacío de la taza y la tetera es el vacío de nuestra mente. El fuego que calienta al agua es la calidez de nuestro corazón. Nosotros fluimos como el agua. La llevamos a la temperatura justa para hacer un buen té. Nos concentramos en el sonido del agua sobre el fuego. Charlamos, pero sobre la base de la atención en el agua.

Primero sólo se oye el sonido del fuego bajo la olla. Al calentarse, el agua suena como una suave brisa. Cuando está cerca de hervir, recuerda al viento entre los pinos. Ese es un momento supremo, en el que todos hacemos silencio para escuchar. Silencio en las palabras y silencio en la mente. Nuestros cuerpos físicos están en sentados a la mesa. Nuestros espíritus vuelan a bosques de pinos. Rocas pequeñas nos sirven de asientos, y contemplamos los grandes peñascos macizos mientras escuchamos la música del viento. Allí, el cuerpo se relaja, la mente se serena y el espíritu se nutre. Según los sabios, el secreto de la salud y la longevidad consiste en unir la esencia vital, el aliento y el espíritu. El agua está al punto justo, preparamos el té. Sentimos su aroma y después bebemos una taza tras otra. Olvidados del lugar, estamos listos para volver al mundo, sin apego al mundo. Contemplamos al mundo desde las rocas y los pinos.

8 may 2010

Crisantemos


No hablaron una palabra
El visitante, el anfitrión
Y el crisantemo blanco

No es necesario decir que éste es un haiku de otoño. Hablar de crisantemos es hablar de otoño. En la pintura de Asia Oriental —China, Japón, Corea, Nam— es uno de los Cuatro Caballeros. Orquídea para la primavera, bambú para el verano, crisantemo para el otoño y ciruelo para el invierno. Cada uno de los cuatro se vincula a principios filosóficos. El otoño se asocia a haber pasado los cincuenta o sesenta años de edad. El crisantemo, entonces, tiene un simbolismo interesante: es la flor del otoño.

En el Occidente moderno, se considera que haber pasado los sesenta años, es ser un viejo ya no apto para producir algo de valor. En Oriente es lo opuesto. Hace años, estaba tomando té en su casa, con un caballero taoísta, uno de los médicos más importantes de Taiwan. La charla, derivó al tema de la medicina. Me dijo: “en China la medicina, además de una ciencia, se considera un arte. Y se estima que nadie tiene buen nivel en el arte antes de cumplir los sesenta años de edad. Yo ya pasé los sesenta, pero todavía no logré buen nivel en el arte”. Por supuesto, se trataba de humildad taoísta, porque tenía un nivel muy alto. Hasta mi maestro taoísta levantó las cejas y sonrió de felicidad cuando supo de él.

El significado del crisantemo es justamente éste. El otoño de la vida no es el tiempo del decaimiento. Puede ser así. Pero también puede ser el la etapa de dar flores maravillosas como los crisantemos. Pasamos los años de la juventud estudiando y capacitándonos. Después nos dedicamos al trabajo… y como jóvenes inexpertos, necesitamos aprender de los que nos anteceden. Un redactor que recién se incicia estará pidiendo consejos, cometiendo errores y enmendándolos día tras día. Un arquitecto novato necesita el asesoramiento de sus mayores en todas las obras, sin mencionar la experiencia del maestro mayor. Un médico recién salido de la facultad… puede ser presuntuoso, o pedir consejos a los expertos. Como dice el proverbio: “lo que los jóvenes anduvieron caminando rutas, los mayores lo hicieron cruzando puentes”.

Un cuento dice que cuando el Creador hizo al perro le ofreció veinte años de vida, y que estuviera sentado en el porch de la casa ladrándole a le gente que pasara. El perro dijo que veinte años así era mucho, pidió sólo diez y Creador accedió. Después creó al mono, le dijo que entretuviera e hiciera reír a la gente haciendo todo tipo de trucos, y que viviría veinte años. Igual que el perro, el mono devolvió diez. Creador accedió. Después creó a la vaca. Le dijo que tendría que pasar todo el día trabajando al sol con el granjero y producir la leche para mantener a la familia, y tendría una vida de sesenta años. La vaca dijo que sesenta era mucho, y devolvió cuarenta. Creador accedió. Después creó al hombre. Le dijo que comiera, durmiera, jugara, se casara, disfrutara de su vida, y le concedió para esto veinte años. Al hombre la pareció que veinte años era muy poco. Entonces le preguntó a creador si podía tener los diez años que había devuelto el perro, los diez que había devuelto el mono y los treinta que había devuelto la vaca. Creador accedió. Según este cuento, es por eso que nuestros primeros veinte años comemos, dormimos, jugamos y la pasamos bien. Entonces los siguientes cuarenta trabajamos como esclavos para mantener a nuestra familia. Los próximos diez años hacemos trucos como los monos para entretener a nuestros nietos. Y finalmente, pasamos los siguientes diez sentados en el porch de nuestra casa ladrándole a todos los que pasan.

Esta es una explicación de la vida. Tenemos también la alternativa de ser como el crisantemo, el caballero de otoño, y cuando pasamos los sesenta años de edad, dar flores maravillosas. En Asia oriental, se hace vino de crisantemos, y se acostumbra a tomarlo en la celebración del comienzo del otoño. En la del comienzo, no para el equinoccio de la mitad del otoño. Hasta entonces, en nuestra vida, hemos adquirido conocimiento y experiencia. Es de esperar que hayamos leído diez mil libros y andado diez mil millas. Sea cual fuera la actividad que hubiéramos desarrollado, recién entonces habremos logrado un nivel realmente alto. También hasta entonces, tenemos que haber decidido cómo vamos a vivir después de los sesenta. Tenemos que decidir si vamos a ser como un perro… o un crisantemo.

7 may 2010

Dos Tazas


Las hojas de otoño caen como lluvia.
Aunque mis vecinos son todos bárbaros,
Y estás lejos a mil millas,
Siempre hay dos tazas sobre mi mesa.
Poema anónimo de la dinastía Tang

— “¿Por qué pasás frío?” me preguntó un amigo esta mañana, “¿es parte de la práctica?”

— “La idea no era pasar frío”, le respondí, “pero una vez que estuve en el lugar, esa era la situación. Y en realidad, si, también es parte de la práctica taoísta vencer al frío, generando calor interno. Mi maestro era un buen ejemplo de eso ¿Para qué recibí enseñanzas si después no las pongo en práctica? Combatí el frío primero con Qigong. Después con té, con el buen Oloong. Y no hubo más frío. Solamente disfrutar del lugar, y hacer un buen entrenamiento”.

Hay muchos entrenamientos. En el caso de los entrenamientos taoístas, son tantos que ocupan una biblioteca entera, y muy grande. Pero básicamente, están los internos y los externos. Taiji quan, Qigong, Bagua quan, Xinyi quan… son entrenamientos externos. Neigong, las meditaciones son internos. Pero en realidad… adentro y afuera, son las dos caras de la medalla. Lo que siempre se entrena es la mente, el corazón. Para todas las culturas tradicionales, la palabra para mente, en realidad, es corazón.

Tomar té es una froma de entrenar la mente. No importa si lo preparamos nosotros o alguien más. La tetera y las tazas primero fueron lavadas, y se las deja secar solas, no se usa ningún paño para secarlas. Para preparar el té, la tetera tiene que estar vacía. Parece una perogrullada, pero es así. Para servir el té, las tazas también tienen que estar vacías. No se puede servir té en una taza llena. Con nuestra mente es igual. Cuando vamos a tomar té, primero vaciamos la mente, igual que la tetera y las tazas. No se puede apreciar el aroma del té con una mente llena. No se puede escuchar el sonido del agua en la holla con la mente llena. No se puede apreciar el sabor del té con una mente llena. No se puede apreciar la charla con los amigos con una mente llena. No se puede apreciar la vida con la mente llena. Con la mente vacía, escuchamos el sonido del agua en la olla, y nos recuerda al del viento en los pinos. El aroma del té… nos trae recuerdos de tantos bosques, jardines, y de las cuatro estaciones. El sabor del té… nos transporta al mundo de las hadas y los inmortales…

Igual que tomar té, la vida es un arte. El arte de vivir necesita, como todo arte, que sepamos vaciar nuestro corazón-mente. Cuando hay espacio suficiente en el corazón, hay espacio suficiente para muchos amigos en el corazón. Podemos vivir la vida como merece ser vivida. Y, así, siempre tenemos dos tazas sobre nuestra mesa.

6 may 2010

Naturalmente Imprescindible


Juanca miró la teterita, Tommy miró a Juanca.

— Es una teterita Yixing… ¿qué otra cosa esperabas en una casa de té como esta?

— Realmente, Tommy, es verdad, tendría que haber venido antes. Voy a estar más frecuentemente por aquí. No hay como parar con todas las actividades por un rato, y concentrarse en un buen té preparado en una buena tetera. Ya te conté lo mío… ¿qué hay de tu vida últimamente?

— “¡Buen té, por supuesto!” los dos amigos rieron en vos alta.

— Bueno… no sólo té. Estuve unas cuantas veces en una choza frente al océano, en un lugar poco habitado.

— ¿Un retiro?

— Si. Tenía que preparar unas actividades, y decidí hacer un retiro antes, para prepararlas bien. Fui a ese lugar. Casi no hay casas, solamente un bosquecito de pinos, médanos con siempreverdes y tamarindos, y el océano. Sin agua corriente ni gas en la choza. El baño afuera, a ochenta metros.

— ¡Casi una cueva!

— Casi. Esa fue la idea. El clima todavía era frío por las mañanas y las noches. Tuve que calentarme más adentro que lo que se puede calentar el lugar. Té, agua caliente y Qigong. Pero sólo temprano por las mañanas, y por la noche.

— ¿Qué tenías con vos?

— No mucho. Un par de libros, algunos sutras taoístas, cuaderno, pluma fuente y lápiz. Un equipo básico para cocinar y comer: calentador, olla, bowls, cuchara y palitos. También un teléfono móvil, que casi no usé.

— Prácticamente solo en la naturaleza. Nada de las comodidades de la vida urbana, ni siquiera las de una casa de campo. Pero ¿no la pasaste mal así?

— En la naturaleza, casi nada controlado por el hombre. Casi nada artificial, sólo lo artificial necesario para disfrutar de lo natural. Este es el punto importante. Hacía mucho tiempo que no la pasaba tan bien. Estando ahí, me di cuenta de todas las cosas innecesarias que tenemos. Buscamos la felicidad en un montón de objetos, en un montón de actividades que en realidad, nos traen más angustia y stress que la felicidad que decimos buscar. Mucha gente trabaja como loco para ganar un montón de plata, pierde su salud por eso, y después gasta la plata que ganó para recuperar su salud. Se esfuerzan hasta el cansancio para comprar tal o cual auto, tal o cual reloj, tal o cual ropa. Se angustian y estresan para conseguir eso. Y una vez que lo tienen… ¿qué hay de esa felicidad? ¿Cuánto dura?

— No mucho tiempo. Hasta el auto pasa de moda, la ropa también. La casa cara cuesta mucho mantenerla.

— Y todo eso, que debió haber traído felicidad, termina trayendo sufrimiento. Sin mencionar a los que buscan fama y poder.

— Que les traen inmensos sufrimientos.

— Exacto. Pero ahí en la choza, Juanca, sin otra música que la del océano, el viento entre los pinos y el canto de los pájaros, la serenidad no tiene límites. Y no hay felicidad sin serenidad. La serenidad misma ya es felicidad. No te estoy diciendo que no haya que tener comodidades. Pero no hay que dejarse llevar por la búsqueda de cosas que en realidad no necesitamos, y por eso, dejar de lado lo que es realmente imprescindible. Te aseguro que sentado a la mesa rústica, mirar el paisaje por la ventana de la choza de adobe, aún en un día nublado o lluvioso, es más satisfactorio que la televisión. Por las noches, en el lugar sin luces de mercurio, se ven tantas estrellas en el cielo como jamás imaginaste que pueda haber. Si hay tormenta, el sonido del viento y la lluvia hacen una música difícilmente igualable. Sin mencionar los colores de los amaneceres y las puestas de sol. El cielo y los médanos toman colores que nunca se pueden fotografiar haciéndoles suficiente honor. Todo eso, junto con la serenidad, provoca una inmensa expansión del espíritu… algo que el dinero no puede comprar.

— Es muy poético, pero ¿podés estar ahí para siempre?

— Por ahora no. Pero es bueno ir a lugares así con regularidad. Es una ayuda valiosa para no dejarnos atrapar por la locura de la vida moderna. Cuando volvemos, todo se ve de manera diferente. Los problemas parecen más pequeños, y descubrimos la felicidad en cosas que comunmente no apreciamos. Eso es la expansión del espíritu. Y cuando llega el día en que uno se retira… hay que pensar muy bien en eso. Para entonces se puede hacer un cambio de vida muy significativo. Y aún antes, es bueno tener muy claro cómo y en qué buscamos la felicidad.

— Como por ejemplo, en este preciso momento, la inmensa e incomparable felicidad poder tomar este buen té Oloong, preparado en una teterita Yixing junto a un buen amigo.

— ¡Y mirar el paisaje por la ventana!