31 may 2010

En el Sendero


Tarde apacible con cielo despejado. El fuego arde en la salamandra de la cabaña, haciendo más intenso el silencio del lugar. Dan y Juan, sentados a su mesa favorita cerca de una ventana, beben su té Oloong mientras miran el paisaje y escuchan el silencio. Luis, sentado en una silla, lee tranquilo. Ni Dan ni Juan le preguntaron qué lee. La puerta de abre, silenciosa. Tommy camina hasta la mesa de sus amigos, con andar sereno. Tres miradas sonrientes, que son una sola sonrisa en el corazón, tan cálido como el fuego de la salamandra. Tommy y Luis se miran a los ojos, ambos asienten en silencio. Una taza más en la mesa, más agua en la tetera. El sonido del té se funde con el sonido del fuego. Finalmente se escucha la voz de Dan.

— Nuestro buen amigo taoísta… hace como dos semanas que no te veíamos… ¿recluído?

— Oh… el clima invitaba a quedarse en casa. Buena lectura, buena práctica… reconfortante ¿no?

— Seguro ¿Qué mejor modo de mantenerse despierto? Quiero decir, de mantener la mente atenta, alerta, consciente de cada momento de la vida.

— Exacto. Para recorrer por la vida hace falta un camino, un sendero. Y para recorrerlo, la guía de quien ya lo hizo antes. Conoce cada detalle, cada obstáculo y cómo solucionarlo. Yo elegí este camino, el taoísmo, pero no es el único. Lo importante es que el camino sea auténtico, que realmente lleve al destino que se busca. Y que el que guía, el maestro, realmente lo sea. No es suficiente con que tenga un montón de conocimientos. Muchos de nosotros los tenemos, pero un maestro tiene que reunir cualidades muy precisas, y un linaje auténtico. Hay mucha gente que no entiende la importancia de esto. A nadie se le ocurriría, en un vuelo internacional, subirse a un jet con un piloto que dice ser un piloto, pero no reúne todas las cualidades que tiene que tener ¿verdad?

— Cierto. Y seguir cualquier camino, yoga, taoísmo, buddhismo, sufismo, druida… lo que sea, no es menos delicado.

— Absolutamente. Si la transmisión no es correcta, el camino no es real. No sólo no lleva al destino buscado, puede llevar a uno desastroso. Si no hay comprensión correcta ¿qué se puede esperar? Por ejemplo, cuando empecé a entrenar con mis maestros, yo ya conocía de memoria una gran parte de muchos textos. Tao Te Ching, I Ching, Chuang-tzu, Lieh-tzu, el Sutra de la Serenidad Constante, Yin Fu Ching… pero me faltaba la transmisión. Cuando mis maestros explicaban todo cambió. Fue como si los hubiera leído por primera vez. Por supuesto conocer todo eso, tenerlo en la mente es una ayuda muy valiosa para comprender lo que explica un maestro. Pero sin la trasmisión… ¡es como querer aprender a tocar el piano leyendo un manual, y más difícl que tocar un trombón de varas en una cabina telefónica!

— Muy graciosa tu analogía. Vale para cualquier camino de cualquier tradición espiritual.

— La práctica es importante, hay que constatar permanentemente. Una vez me dieron esta lista, fíjense cómo les cae a ustedes.

  • Si puedes empezar el día sin cafeína ni píldoras estimulantes,

  • Si puedes estar alegre, ignorando dolores y fatigas,

  • Si puedes resistir de quejarte y aburrir a la gente con tus problemas,

  • Si puedes comer la misma comida todos los días y estar agradecido por eso,

  • Si puedes comprender cuando los seres queridos están demasiado ocupados para darte su tiempo,

  • Si puedes pasar por alto cuando la gente te carga cosas cuando, no por una falta tuya algo sale mal,

  • Si puedes tomar la crítica y la culpa sin resentimiento,

  • Si puedes conquistar la tensión sin ayuda médica,

  • Si puedes dormir sin la ayuda de drogas,

  • Si puedes hacer todas estas cosas…

  • Entonces probablemente… seas el perro de la familia.

Dan y Juan miraron a Tommy. Tommy los miró sonriente.

— ¡Arf!

30 may 2010

Los Buenos Viejos Tiempos


Nunca dejaremos de explorar
Y el final de toda nuestra exploración
Será arribar a donde comenzamos
Y conocer el lugar por primera vez
T.S. Elliot

Albert Einstein dijo: “Pon tus manos sobre una cocina caliente durante un minuto y parece una hora. Siéntate al lado de una chica linda durante una hora y parece un minuto. ESO es la relatividad”. Es una forma humorística de poner lo que Buddha Shakyamuni dijo acerca de la felicidad: “La felicidad no viene de lo que sucede, viene de lo que pensamos”. Generalmente pensamos sin ser conscientes de lo que pensamos. Pasamos delante de lugares pero no somos conscientes de lo que vemos. De la misma forma, las cosas-eventos suceden alrededor nuestro sin que seamos conscientes de eso. Estamos más involucrados con lo que queremos que suceda, y si sucede o no. Así, no nos damos cuenta de lo que pasa. Independientemente de nosotros, esas cosas-eventos se almacenan en alguna caja en nuestra memoria, y quedan allí, hasta que algo las trae de vuelta. Entonces las apreciamos desde otro punto de vista… y las recordamos como los viejos buenos tiempos. Lo interesante de los viejos buenos tiempos es que, no habíamos notado que esos días que recordamos ahora, eran tan buenos. Jack Kerouak advirtió esto cuando dijo que lo mejor de viajar es cuando se recuerdan los viajes. Mientras se viaja no se los disfruta tanto.

Cuando se acerca el invierno me empiezo a ocupar más de almacenar comida en casa. En el Noroeste del Pacífico, el invierno es invierno. A veces dan ganas de salir durante una tormenta de nieve. A veces uno prefiere quedarse en casa, disfrutar de la tormenta mirándola por la ventana, y dejar que los copos que caen den el ritmo de la contemplación.

Una vez, llegué a Oregon a fines del otoño, a una ciudad en la que no había estado antes. Mi hija y el entonces su novio se habían mudado allí. Una vez que instalado, empecé a explorar el lugar. Como todos éramos chicos nuevos en el vecindario, intercambiábamos los descubrimientos. Íbamos juntos a lugares, hacíamos compras juntos. Por supuesto, parte de las compras era… comida. Comida. Un maestro Zen chino dijo: “No hay como vestir ropas y comer comida. Aparte de eso no hay ni Buddhas ni Patriarcas”. No se si los Buddhas y Patriarcas estarán de acuerdo. Ni siquiera se si yo mismo lo estoy. Pero el invierno con comida es un invento maravilloso de la naturaleza, si va junto con una casa abrigadita, sin goteras y una ventana con buena vista.

Yo había descubierto un mercado de comida natural que no conocían ni mi hija ni el novio. Un lugar no solamente hermoso para ver. Buena comida orgánica, comida natural, buenos precios y gente con onda. Además de eso, a cinco o seis cuadras de casa ¿qué más se puede pedir? Fuimos a todos juntos a comprar algunas cosas que necesitábamos, incluyendo peperoni vegetariano. Ya estábamos en la cola para pagar y, cerca de la caja había un muestrario de tarjetas. Les di una mirada. Había algunas acerca de la guerra, de la paz, acerca del petróleo… de pronto vi una con cinco o seis palabras que encendieron una luz en lo hondo de mi corazón. La tarjeta decía “Estos son los Viejos Buenos Tiempos”. La levanté y dije: “Eh Tad… mirá esto”. Tad se dio vuelta, la vio y me miró con la sonrisa del que entiende. Puse la tarjeta en su lugar, y la frase en mi corazón.

Estos son los viejos buenos tiempos. Es uno de los grandes secretos de la vida. Tenemos tendencia a tomar la vida demasiado seriamente, y entonces no podemos apreciar sus sutilezas. Pero si nos detenemos por una fracción de segundo y la miramos desde ese instante inmóvil, en cierta forma damos un paso fuera del tiempo y el espacio. Como si estuviéramos mirando desde el futuro, y viendo todo en forma fresca, como si lo hiciéramos por primera vez.

La diferencia entre que estos sean o no los buenos viejos tiempos, depende, en gran parte, de nuestra capacidad interna de darnos cuenta. Eso es lo que nos permite vivir el momento presente de modo tal que se convierte en los buenos viejos tiempos. Siempre se lo va a recordar así. En las palabras de Buddha Shakyamuni: “La felicidad no viene de lo que sucede viene de lo que pensamos”. O si se lo quiere decir de manera más humorística, podemos recordar a Einstein: “Pon tus manos sobre una cocina caliente durante un minuto y parece una hora. Siéntate al lado de una chica linda durante una hora y parece un minuto”.

28 may 2010

Sabiduría Proverbial


Según un dicho, “si el sabio reprueba, malo; si el burro aprueba, peor”. No hace falta explicarlo. La sabiduría popular, no por ser popular es menos sabiduría. Los proverbios y los aforismos son algo así como semillas de sabiduría. Son la esencia de la experiencia, verdades relativas expresadas en forma sintética. La verdad, aunque sea relativa, al igual que la sabiduría, no pertenecen ni a un pueblo ni a una religión ni a una cultura. La verdad es verdad, la sabiduría es sabiduría. La naturaleza esencial del ser humano —si dejamos de lado los condicionamientos culturales— es la misma en cualquier lugar del planeta. Lo único que nos puede separar de la sabiduría, en caso que su expresión provenga de algún lugar distante de donde hemos crecido, son nuestros prejuicios. En una pared de la cabaña hay una buena cantidad de proverbios. Están separados por su origen, para que resulte claro que, si no fuera así, cualquiera de ellos podría tener cualquier otro origen.

Mongolia

  • No comiences si tienes miedo, cuando ya comenzaste no tengas miedo.

  • Si te esfuerzas, el destino te ayudará.

  • Un hombre cae siete veces y se levanta ocho.

  • Si la mente está limpia, el destino es bueno.

  • A un caballo que se suelta se lo puede agarrar, a una palabra que se suelta nunca.

  • La ceguera del corazón es más peligrosa que la ceguera de los ojos.

  • El sol ilumina al mundo, el conocimiento ilumina al hombre.

  • La distancia entre el cielo y la tierra no es mayor que un pensamiento.


China

  • Lleva diez años cultivar árboles, y cien años cultivar a la gente.

  • El hombre que sabe como perdonar no es un idiota, y un idiota no sabe cómo perdonar.

  • Una pulgada de tiempo es una pulgada de oro, pero una pulgada de oro no puede comprar una pulgada de tiempo.

  • Con el buen hierro no se hacen clavos, los hombres buenos no se hacen soldados.

  • Ver a través de la fama y la riqueza es lograr un pequeño descanso; ver a través del nacimiento y la muerte es lograr un gran descanso.

  • Mantén tu mente ocupada para lograr cosas; mantén tu mente abierta para comprender cosas.

  • Si sospechas de él no lo emplees; si lo empleas no sospeches de él.

  • Si no quieres que se sepa, no lo hagas.

  • A quien no tiene deseos se lo llama sabio; a quien tiene pocos deseos se lo lama virtuoso; a quien tiene muchos deseos se lo llama vulgar; a quien cede a todos sus deseos se lo llama loco.

  • Una pequeña filtración puede hundir a un barco poderoso.

  • La comida del mar no es salada aunque proviene del mar.


Irlanda

  • La comida del mar no es salada aunque proviene del mar (al igual que en China).

  • La tinta de los estudiosos dura más que la sangre de los mártires.

  • Un hombre puede llevar a un caballo hasta el agua, pero doce no lo pueden hacer beber.

  • Quien quiere disfrutar de la fruta no debe estropear el capullo

  • Una pequeña chispa frecuentemente ha encendido un gran fuego.

  • Un escarabajo reconoce a otro escarabajo.

  • Todo el mundo tiene buena onda hasta que una vaca se le mete en el jardín

  • Es difícil silbar y comer al mismo tiempo.

  • La espiga más llena de granos es la que más inclina su cabeza.

  • La marea no espera al hombre lento.

Del Dhammapada — Los Aforismos del Dharma
  • La mente precede a los fenómenos. Éstos están gobernados por la mente y hechos por la mente. Hablar o actuar con una mente corrompida es atraer dolor hacia uno mismo, como una rueda detrás de los pies del animal que la arrastra.

  • La mente precede a los fenómenos. Están gobernados por la mente y hechos por la mente. Hablar o actuar con una mente serena es atraer felicidad hacia uno mismo, como una sombra inseparable.

  • Las ocasiones de odio ciertamente nunca son apaciguadas mediante el odio. Son apaciguadas estando libre de odio. Esta es una ley eterna.

  • Otros pueden no comprender que debamos practicar el autocontrol, pero las querellas cesan en aquellos que comprenden este hecho.

  • De la misma manera que la lluvia entra en una casa con un techo malo, el deseo entra en una mente que no sido bien disciplinada.

  • Mientras que de la misma manera que la lluvia no puede entrar en una casa con un buen techo, el deseo no puede entrar en una mente que ha sido bien disciplinada.

    Del Tao Te Ching

  • Se modela la arcilla para hacer una vasija, y es en su vacío donde está su utilidad.
    Se abren puertas y ventanas, y en el vacío de ellas se halla la utilidad de la casa.


  • Quien sólo se ve a sí mismo no ve claro.
    Quien se exhibe a sí mismo no es inteligente.
    Quien se jacta de sí mismo no tiene verdaderos logros.

  • Quien conoce a la gente es sabio.
    Quien se conoce a sí mismo es esclarecido.
    Quien vence a la gente es fuerte.
    Quien se vence a sí mismo es poderoso.

  • La fama o nosotros mismos, ¿qué es lo que más importa?
    Nosotros mismos o las riquezas, ¿qué es más precioso?
    La pérdida de sí mismo o de los objetos materiales, ¿qué es más doloroso?

Los proverbios y aforismo son una buena herramienta para que no seamos aprobados por el burro. Siempre nos muestran un camino sobre el arco iris.

27 may 2010

El Narrador de Historias


Tres manifestaciones de humanidad: generosidad afectuosa, modales amables y conocimiento alabable.

Cuídate de tres personas: de el sin alegría, del que se burla y del que se ríe de las acciones ilegítimas.

Tres cosas difíciles de obtener: fuego frío, agua seca y codicia legítima.
Tríadas Celtas

A treinta y ocho grados latitud sur y cincuenta y siete grados longitud oeste, faltan veinticuatro días y medio para el solsticio de la mitad del invierno. Es también, tradicionalmente, el comienzo del año solar. Casi todas las culturas del planeta lo han considerado —y lo siguen considerando— así. Literalmente, de aquí a la China. Hay quienes no saben disfrutar del invierno, tal vez no sienten amor por el fuego. Para los que gustan de juntarse alrededor o cerca de un fuego, y compartir un buen té, u otras bebidas, el invierno tiene un gran atractivo. Es el tiempo de encender el hogar, o la salamandra, reunirse y contar historias. En todas las culturas, el narrador de historias es una persona de importancia. Algo así como un historiador doméstico con sentido del humor. Es el que conserva las leyendas. Y todos sabemos, al día de hoy, que las leyendas son más veraces que la historia.

Hasta no hace mucho tiempo, en las regiones de Irlanda apartadas de las grandes ciudades no había televisión. La gente vivía sanamente. El narrador de historias, el seanachí, era especialmente importante. En las largas y frías noches de invierno, era el seanachí el que mantenía despierta a la gente. De entre todos, el más reverenciado de los contemporáneos fue Eamon Kelly, el Maestro Seanachí. Aquí va una historia narrada por él, tomada de uno de sus muchos libros.

El Ceanai Fionn y Cluasach O Failbe
Cluasach O Failbhe era la mano derecha del Ceannai Fionn, un gran navegante irlandés, que cruzaba los mares muchísimo antes que Brendan. En uno de los viajes, Cluasach O Failbhe tuvo un vislumbre de otro mundo y así es como sucedió:

En el camino de regreso a casa frecuentemente estaban hambrientos y acostumbraban a tirar el ancla y pescar un poco. Un día, cuando iban a levar el ancla no pudieron hacerlo, de modo que Cluasach O Failbhe dijo que bajaría a ver qué la retenía. Tomó una respiración profunda y allí fue bajando a lo largo de la cadena, sólo para encontrar que el ancla estaba enganchada al dintel de una puerta. Entró a la casa y, ahi adentro había: ¡oh!, una hermosa joven.

“Oh, Cluasach”, dijo, “te miro todos los días pasando por arriba con el barco. Estoy locamente enamorada de ti, y ¿te casarías conmigo?”

“Muy bien”, dijo Cluasach, “lo haré. Pero primero me gustaría ir a casa y hablar con mi madre”.

“Si te vas a casa debes darme tu promesa solemne de que volverás, y si rompes tu promesa y alguna vez vuelves al mar, subiré y te traeré abajo yo misma, porque no puedo vivir sin ti” ¡Se había enamorado así de fuerte!

Cluasach le dio su promesa, desenganchó el ancla del dintel de la puerta, y arriba voló el ancla llevándolo a él también. Le contó al Ceannai Fionn acerca de la hermosa mujer en la casa bajo el mar.

“No pienses en ella”, dice el Ceannai Fionn, “morirás de reumatismo viviendo abajo en ese viejo lugar tan húmedo”.

Volvió a casa y le contó a su madre, pero la madre tampoco lo escuchó. “¡Casarse con forasteros! ¿En qué piensa?” Lo mantuvo alejado del mar, y desde entonces no hubo más barcos para Cluasach. El tiempo pasaba y no podía sacar de su mente la imagen de esa hermosa mujer. Un día estaba jugando al fútbol abajo, en la orilla. Un torpe pateó la pelota al agua y, Cluasach, olvidándose de sí mismo, fue a buscarla. Y allí estaba ella esperando dentro de las olas. Lanzó sus dos manos alrededor de él y lo llevó con ella, bajo el mar, hasta Tir Fó Thoinn (la Tierra bajo las Olas). Y nunca volvió, y supongo que se casó con ella. Pero acostumbraba a mandar un presente. Cada víspera de Mayo, durante los siguientes cincuenta años, las tres chispas quemadas solían llegar a Trá Fraisc. ¿No vivió largo tiempo con ella allá abajo? El matrimonio jamás ha acortado la vida de un hombre si encuentra la mujer correcta.

Eamon Kelly
Ireland’s Master Storyteller
Marino Books – Mercier Press; Dublin
ISBN 1-86023-080-6

Si como Cluasach O Failbhe, deciden quedarse en otro mundo ¡nunca olviden mandar regalos a casa por lo menos una vez al año!

26 may 2010

Té Tibetano — Po Cha


Durante los primeros años de mi formación, mis maestros fueron japoneses y chinos. Para mi formación con el té también. A la manera china y japonesa, por supuesto. Conservo una taza para ceremonia de té, hecha por Mizutani Jiro sensei. Es uno de mis tesoros. Todo esto quiere decir que nunca había probado el té preparado a la manera tibetana. Jamás. Había leído acerca de él, pero tal como en el dicho Zen, las tortas dibujadas no satisfacen el hambre. Finalmente lo probé… en Ashland Oregon.

Cerca de Ashland, en Mount Ashland, está Tashi Choling, un monasterio Ñingmapa, a cargo de Gyatrul Rinpoche. En medio de las montañas, no sólo se encuentra el monasterio, también viven algunos yoguis con sus familias. Yendo un poco más alto en la montaña, vive Philip, un viejo y buen practicante, que tuvo maestros excepcionales. Allí me llevó mi amigo Thubrig. Por una chapa enlozada dentro de su casa, descubrí que había vivido en Perú y en Chile. Almorzamos, tuvimos charlas maravillosas en medio de la hospitalidad de Philip, no menos maravillosa. Y por supuesto, tomamos té. Aunque soy un vegetariano —no ovo-lácteo vegetariano— probé el té tibetano. No me arrepentí ni una fracción de segundo. No se exactamente cómo lo preparó Philip, la forma tradicional en Tibet es bastante complicada, porque entre otras cosas, al té algunas veces lo hierven por horas. Aquí va una receta más común para que prueben.

Po Cha — Té con Manteca

Ingredientes para cuatro tazas:

Agua

Té negro

1/4 cucharita de té de sal

2 cucharas soperas de manteca

1/2 taza de leche, mejor si es entera, y también le pueden agregar crema. Eso hace que sea más parecida a lo que es la leche.

Preparación


  • Primero, hervir cinco o seis tazas de agua y apagar el fuego.

  • Poner dos cucharas soperas colmadas de té en el agua y hervir otra vez durante unos dos minutos.

  • Colar el té

  • Poner el té, un cuarto de cucharita de té de sal, dos cucharas soperas de manteca y media taza de leche en un recipiente que cierre bien para agitar el té. También pueden usar una licuadora.

  • Agitar bien, o licuar durante dos o tres minutos, cuanto más mejor. El Po Cha tiene mejor sabor cuando se lo sirve bien caliente.

Vamos camino al solsticio de la mitad del invierno. Aunque difícilmente tengamos tanto frío como en Tibet, un buen Po Cha, para quienes consuman lácteos, va a resultar muy reconfortante ¡A disfrutarlo!

25 may 2010

Retornar a la Naturaleza


Cuando en la ciudad el cielo repentinamente se nubla y cae una lluvia fuerte, muchos se sorprenden. Hace muchos años, oí a alguien decir que en la ciudad la lluvia es un anacronismo. Más o menos por ese tiempo, otros ya consideraban a las ciudades como un anacronismo. Tomaron conciencia de que los humanos no estamos hechos para vivir en grandes conglomerados. Los científicos hicieron experimentos con ratas, porque tienen comportamientos similares a los humanos. Puestas en un medio superpoblado —de ratas, por supuesto— los pobres bichos empezaron a actuar como los humanos en las grandes ciudades. Hasta se mataron entre ellas, algo que nunca había sucedido antes.

¿Por qué sucede esto? Sucede porque no es natural. Vivimos en un planeta, el planeta es un organismo. Todos los seres vivos, los tres reinos, animal, mineral y vegetal obedecen a leyes inmutables. No hay forma de escapar de esto. Las siembras hay que hacerlas en el momento correcto, y no se puede tirar de los brotes para hacer crecer el pasto. La tierra sigue su trayectoria alrededor del sol. El sistema solar sigue su trayectoria junto con la galaxia. El corazón bombéa la sangre, que circula por nuestro cuerpo. Los electrones giran alrededor del núcleo del átomo. Esto se llama Naturaleza. Podemos apartarnos de la naturaleza. Seguro podemos plantar las semillas cuando se nos antoje. Lo que no podemos es querer que las plantas crezcan si no plantamos en el momento correcto. no ese puede ir contra la naturaleza. Desde los filósofos hasta los científicos, todos se volvieron conscientes de que apartarse de este error grave. Entonces advirtieron, y nos advirtieron de la necesidad de retornar a la naturaleza. Volver a la tierra.

Muchos creen que retornar a la naturaleza es solamente ir a vivir fuera de las grandes ciudades. Sin embargo, esto puede no ser suficiente. Hay quienes lo hacen, y no por eso viven mejor. El cambio, como cualquier cambio real, necesita ser natural. Tiene que funcionar igual que una semilla. La fuerza de la semilla está en su interior. La nuestra también. Esa es la ilimitada fuerza de la vida. Un antiguo poema que habla de esto,

La mente del hombre busca hacia afuera todo el día.
Cuanto más lejos llega,
Tanto más se opone a sí misma.
Sólo aquellos que miran hacia adentro,
Pueden censurar sus pasiones,
Y cesar sus pensamientos.
Pudiendo cesar sus pensamientos,
Sus mentes devienen tranquilas.
Tranquilizar la mente es nutrir el espíritu de uno,
Nutrir el espíritu es retornar a la Naturaleza.

Es un antiguo poema taoísta. Los que pueden leer inglés lo van a encotrar en Creativity and Taoism, un libro excelente, escrito por Chang Chung-yuan, profesor de filosofía en la Universidad de Hawaii. No es necesario tener interés en el taoísmo para leerlo, basta con tener interés en la creatividad. Después de todo, en la vida es mejor ser creativo. La naturaleza es creativa. Vivimos en un constante proceso de creación. Actuar en armonía con esto es simplemente natural, como cocinar y comer cuando tenemos hambre, y sonreír en el ojo de la mente.

24 may 2010

Bosque y Equilibrio


Escuchar música es algo maravilloso. Nos transporta inmediatamente a otros mundos. Cada uno tiene su música favorita para distintas ocasiones. Pero lo que todas tienen en común, es transportarnos. Instantáneamente generan un clima y un estado de ánimo. Como cantar. El gran tenor irlandés Joseph Locke decía que cantaba siempre. Si estaba alegre lo hacía por estar alegre, y si estaba triste, para levantar el ánimo. Hay momentos el los que nos sentimos un poco encerrados. Aun si tenemos un buen jardín, a veces tenemos la sensación de encierro. Hace falta salir. Cambiar de aire. Llevar nuestra vista y oído a otro lugar. Ese lugar puede ser un bosque.

No es necesario que sea muy grande. Hasta una o dos hectáreas pueden ser suficientes. Lo que sí es relevante es que, una vez adentro, encontremos un lugar desde donde no se vea el exterior del bosque. En ese sitio, estamos en otro mundo. Si nos detenemos, nos sentamos, respiramos y miramos un poco alrededor, sentimos la sensación de que el tiempo y el espacio desaparecieron. Eso es exactamente lo que buscamos. Cuando no hay tiempo ¿cómo podemos sentir necesidad de apresurarnos? el sentimiento de estar corridos por el tiempo se desvanece, como las nieblas de la mañana cuando sale el sol. Un minuto se transforma en un mes, una hora en un año. Como en el poema de William Blake, tenemos el infinito en la palma de la mano, y la eternidad en una hora.

Algunas personas pueden tener temor de aburrirse al estar en un bosque. Sin embargo ¿se aburrirían mirando una película, leyendo un libro o revista, escuchando música? Sentarse y contemplar el bosque es como mirar una película y escuchar música. Pasaron más de sesenta años desde que John Cage enseñó a todo el mundo que la música está presente en todas partes. Todo lo que tenemos que hacer en el bosque es caminar un rato, hasta que encontramos un lugar que nos invita a quedarnos. Allí es donde nos podemos sentar, mirar, escuchar, pensar y no pensar. Cuando la mente se funde con el paisaje, no hay diferencia entre el paisaje y nosotros. Somos el paisaje, lleno de serenidad y armonía. Libres de apresuramientos, inquietudes o ansiedades.

Si vamos por unas pocas horas, podemos ir sin llevar nada. Pero sin embargo, no está demás llevar algunas cosas. Tal vez un libro que queremos leer tranquilo. Es muy probable que una vez en el bosque no queramos leerlo. Pero sabemos que está ahí. Si vamos a pasar el día, o medio día, un almuerzo o una merienda entran en una mochila pequeña, o en un bolso. Estar en la naturaleza, donde no hay nada controlado por los humanos, nos ubica en el lugar correcto que ocupamos en este mundo. Estar en el bosque es una ayuda valiosa para encontrar el punto de equilibrio. El que encontramos es nuestro propio equilibrio interno.

En el bosque, podemos tomar té. Un buen termo, lleno de el té que hayamos decidido tomar, y las tazas que hagan falta redondea el momento. No importa si la visita es larga o corta, porque salimos del tiempo común del reloj. Una vez en el bosque… volvemos a ser como niños.

22 may 2010

Banchá, Playa, Invierno



Las playas no son sólo para el verano. Durante las cuatro estaciones siguen estando ahí. Si vamos al agua o no, es irelevante. El océano está ahí. A veces calmo, a veces bravo. La playa casi siempre está vacía, salvo por los pocos que la aprecian. Contemplar el encuentro de cielo y mar despierta un estado interno que no se puede describir con palabras.

Un viejo amigo mío trabaja en la playa todo el año. Está a cargo del restaurante. Estos últimos días había estado sobrecargado de trabajo, cuidando las reformas y mejoras que tenía que estar listas hoy sin falta. Ayer, lo fui a ver a la playa, de ahí, después de un rato, iríamos a su casa, a cenar junto con su familia. Llegué, y lo encontré en un descanso. Sin perder un segundo, fui hasta la cocina del restaurante —que estaba cerrado al público— tomé una taza y la puse sobre la mesa, delante de él. En un bolsillo de mi mochila llevaba, por supuesto, un termo con té, que había preparado antes de salir de casa. Para mi, saqué de la mochila una taza japonesa que llevo cuando viajo, y me senté frente a él.

— ¿Un banchá?

— Si, gracias… me va a venir bien para reponerme y completar el descanso, así después trabajo un rato más y nos vamos.

Así, tomamos nuestro banchá. No todos escucharon hablar de este té, muy usado por los que siguen la dieta macrobiótica. Es un tipo de té verde japonés, de bajo precio, pero en absoluto desdeñable. Por el contrario, es excelente para la salud. La diferencia con el té verde común —y con otros tés— es el momento de la cosecha. Las hojas se recogen, al final de la estación, después de haber permanecido por lo menos, tres años en la planta. Por eso, también se lo llama té de tres años. Debido a que las hojas que se usan para el banchá son más viejas, y se le suelen dejar ramitas, casi no contiene cafeína, sólo del 0.5 al 1.5 por ciento. El contenido de tanino y teína también es muy bajo. Pero en cambio es rico en vitaminas A, C, B1, B2, calcio, hierro, Cinc y Manganeso.

El sabor del banchá es ligeramente tostado con un ligero dejo a maderas verdaderamente agradable. Es muy común agregarle un poquito de sal. Además del común, hay otros dos tipos principales de banchá,

1. Hojicha. Se hace con hojas tostadas. Tiene un aroma —por supuesto— tostado y color dorado claro.

2. Geimancha. Es una mezcla de hojas de banchá y arroz tostado al fuego. El este té tiene sabor a granos, ligeramente salado y muy agradable.

También hay diferentes formas de prepararlo. Por supuesto, se lo prepara en infusión, como a los otros tés, con el agua alrededor de los 80 grados Celsius (centígrados). Pero también se lo pude hacer en decocción. Cuando es así, se lo deja hervir de dos a tres minutos, y después reposar por cinco o diez. Por supuesto lo pueden usar para prepara té a la manera mongol. Hay quienes lo tuestan en una sartén antes de prepararlo, con lo que se vuelve más intenso. No importa cuál sea la forma en la que lo hagan, es excelente para la salud, y muy apropiado para los niños, debido a que casi no contiene cafeína, y la cantidad de teína es mínima.

En una tarde de invierno, con sol, o nublada pero sin lluvia, ir a la playa, aún una hora antes del crepúsculo es algo digno de hacerse. Compartir el té, una buena charla o el silencio con un amigo, mientras contemplamos el océano y el cielo, hace que el corazón se expanda más allá de lo imaginable.